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Me envías a un lugar lejano
para participar solo y tranquilo de tu funeral, de los lamentos
y de tu compasión por lo que ya no fue, de aquello que
quién sabe por qué motivos te es más importante
que todo el alimento de vida que te envuelve y desborda.
(Quien quiere vivir ciego, y lamentar su mala suerte pasada,
y proteger sus heridas forrándolas de suciedad, todo cubierto
en su propia podredumbre, oscurece su existencia sin remedio.)
Así vas a un sitio de nunca llegar, avanzas por un derrotero
desconocido e incierto, como si estuvieras mutilado de pies, ciego,
sordo, atado y mudo, sin alma, sin espíritu, todo vos inmundo
e inmerecido, todo vos condolido, doliente, herido y sazonado
en penas... Qué mujeres de los lamentos te acompañan?,
qué hermanos hay para cargar semejante cadáver errante?
En la isla absoluta de tu oscuridad, cada vez más rompes
con la realidad y de a-islas, te a-islas, te a-islas...
Fue hasta que se posó la nube de tus legendarias creencias,
de tu descuidado cuidado de ti mismo y las sombras lo empezaron
a devorar todo, como aves de rapiña, y tú, paralizado,
te fuiste dejando arrebatar lo tuyo, lo tan amorosamente nuevo
y bello, tu jardín interior que crecía y empezaba
sus brotes en medio de tu noche pasada... y aquí vamos,
acabando contigo y conmigo y con los otros, en la medida en la
que tu capacidad de vivir en el pasado ahoga éste paraíso
de vida eterna que vimos juntos brillar.......
Cuánto poder tienen las decisiones de muerte como las
de vida. En lugar de subir bajas a los infiernos de tu soledad
y tu abandono y dejas a los otros a mitad de camino, sin fuerzas
y sin brújula y en el desamor te mueres y nos matas...
Quien puede ahora resucitar ésta naturaleza muerta, limpiarte
el corazón y devolverte inocente la mirada para que tomes
de nuevo tu paquete de novedad y avances dócilmente por
senderos de paz, fuerza y alegría entre los tuyos?
II
Pero bastará un leve toque, el suave murmurar de la memoria
colectiva de los seres vividos, de los supremos agraciados, de
las angelicales almas de los triunfadores de todos los tiempos
que calan más allá de los aparatosos tules metálicos
del frío de la nada que te habita y te envuelve, y sólo
en un instante vas a sentirte vivo, caluroso y amante entre todos
nosotros, rodeado por todos tus recuerdos, invadido de la suave
caricia del presente y te verás por fin desnudo, solitaria
y absurdamente escondido en escombros mientras que todo brilla
y la mano del día te toca las espaldas y te habla de frutos
y de flores y de todos los amaneceres que acuñó
tu vivir cuando fue limpio y voló, sin pre-juiciarse, repleto
de buenas intenciones y la tuya fue una opción franca por
la vida, y tu gesto fue altivo y mantuvo su frente levantada hacia
esas mañanas que ahora arrullas de nuevo entre tus brazos
y no piden permiso para pedir tu aporte...
Ahora te levantas, y admites el calor de tu ser, la fuerza de
tus músculos, tu hombría señorial hecha toda
de vocecitas tiernas de alegría sincera. Surges de tus
escombros, adolorido pero fuertemente dichoso y dispuesto a avanzar
con cantos y sollozos, de manos apretadas a otros, y lazos invisibles
de apetecido afecto, de inviolable compañía. Nunca
vas a estar solo porque has amado y ahora has decidido, has andado
los pasos necesarios para el pacto de vida que tu ser añoraba
y conquista día a día.
Ven y derrumba tus primeras fronteras de murallas, tu orgullo
herido, y puedes hacer polvo el montón de barrotes de tu
desvalorización pues ya pasó de moda. Aquí
estamos los vivos, los luchadores de todas las batallas apasionadas
por la vida, erguidos, valerosos al ver la muerte muerta y el
mal vencido en los pequeños logros de cada día a
día.
AngelA, Agosto 2001.
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