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Hubo un primer remezón, pero no pasó
nada...
Recordó que esa leve sensación de inseguridad la
conoció el día que perdió la primera inocencia,
la de su niñez, pero eso ya era asunto superado.
Luego vino un nuevo remezón y un viento frío le
caló los huesos. Entonces tuvo miedo, la alarma se disparó
en su cuerpo y la pasmosa calma se deshizo en segundos, como por
arte de magia.
El pequeño rincón perdió calor y realismo.
Sin saber cómo ni cuando, su agradable refugio había
desaparecido y ahora se encontraba despojado de todo y solo, en
la calle, en la esquina nocturna de la gran ciudad, de pié,
con su atadito...
Después que se cansó de dar gritos de angustia,
perdidas todas las seguridades y sin rumbo, sin alternativas,
sin orientación alguna, tuvo el arrojo de callarse y echarse
para adentro de si mismo Entonces se fueron disipando los fantasmas
y conoció el honor y la gracia de identificarse, de reírse,
de celebrar que aún vivía y que estaba completo.
Y aunque su cuerpo se encontrase desnudo, no estaba vacío.
Recorriendo su historia viajó por los recuerdos... notó
cuánto le dolían los pies rotos por todos los fracasos,
al tiempo que gozaba de los grandes amores, de las fuertes pasiones
por las que dio la vida... Si, había vivido, y esa era
su maleta de viaje, y su casa, su “suyo mismo”.
Por fin entendió todo lo que él valía y
cuánto había perdido envuelto entre los tules acartonados
de sus fantasías. Se encorajó de pronto y sintió
que en sus sienes latían los bríos de un ser renaciente.
Entonces se detuvo y en el más alto grado de conciencia,
gritó de nuevo. Lo hizo de júbilo, de orgullosa
presencia, de indudable certeza de saberse un humano.
Caminó mucho rato hermanado de todo, hecho uno con la
vida. Y en un gesto sencillo se aproximó a la puerta de
su primer amigo y la tocó para pedir ayuda. Se abrió
sola mostrándole otra vez la gran ciudad, ahora amanecida,
llena de gente presurosa invitándolo, llamándolo
a mezclarse con ellos, a abrigarlo de vida, a llenar la existencia
de integridad de vida. Entre ellos se le abalanzó su amigo
y con un estrecho abrazo le dio la bienvenida.
AngelA, Abril 2002.
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