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Oye, qué te parece si jugamos a vernos con
los ojos?
Ya te escuché en palabras, te toqué con mis dedos...
Qué bello eres, desde siempre, envuelto en esas cintas
nítidas de inocencia nunca perdida.
Gracias por la calidez, por la frescura,
por ese libro gordo de los años que pasan sin manchar,
fortalecidos.
Ternura y nitidez al vuelo, al brillo, al llanto, a la sonrisa
franca,
al puro bienestar, a la bondad sin límite.
Te agradezco que existas, espejo de mi limpieza, alma de mi alma,
fuente diáfana de fuerza inagotable.
El tiempo es un segundo que vuela, enriquece y estalla
en partículas de fuerza vital.
Muralla y fortaleza de mi intuición errante,
eslabón que todo parece explicarlo de nuevo en una clave
insólita
que de repente todo lo hace comprensible, simple, cálido,
tan amable!
Envuélvete la cinta y suéltate, que el eslabón
nunca se pierde.
AngelA.
Agosto 4 de 2002.
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