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Cuando yo estaba chiquita me tocó jugar
con el mercurio de un termómetro que se había quebrado.
Quedé fascinada con esa atracción que ejercían
unas bombitas hacia las otras... era como incontenible, tenía
magia...
Yo empezaba con una bombita pequeñita a buscar la otra,
y ella, la original, iba creciendo, se iba “llenando de
las demás” hasta que las abarcaba a todas en una
sola bombita, la “del todo” que contenía el
termómetro. Ni la más leve partícula se perdía
arrastrada por el magnetismo de la unión.
El Movimiento Humanista en su dinamismo es como el mercurio.
Primero se quiebra el termómetro. Algo no funciona y no
se puede medir la temperatura de las cosas.
Se desparrama, está “por ahí” en el
suelo, hasta que alguien intenta agarrarlo: no se deja. Entonces
intenta limpiarlo pero él rueda, se desliza... hasta que
empieza la magia al encontrar la otra bombita, y así sucesivamente.
Como jugando, se ha unido ineludiblemente en un todo que ya no
servirá para medir la temperatura, sino para enseñarle
a los niños que hay una cierta magia, un arte, un magnetismo
en el mercurio.
Empiece a gestionarse un proyecto, una comprensión, un
desarrollo y a esa magia no la detiene nadie. Se adhieren las
partes naturalmente por una misma dinámica de ser una misma
cosa: mercurio, magia.
AngelA.
Para Dario y Mario Mercurio
Septiembre 25 de 2002.
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