| Habitados de milagros,
peregrinos de sorpresas.
Al hombro la mochila de sueños,
las manos embarradas de realizaciones
Eso somos compañero:
Obreros sudorosos de un mañana
que nos brota y nos late entre los dedos
expectante de gozo y de existencia.
No sabemos a ciencia cierta
a dónde vamos. Es la gana,
el empeño, la fe ciega que empuja,
que nos lleva adelante y nos brota las venas.
Hambrientos y empapados,
el cuerpo a rastras, la mirada voraz:
Nos duele tanta felicidad de niños,
nos quema de pasión la vida plena!
¡Vengan conmigo!, quitémonos la ropa,
lavémonos el gozo de sabernos viviendo;
comamos juntos el pan de las celebraciones
y durmamos la paz de comenzar de nuevo.
AngelA
Febrero/99.
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