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Entonces todo estaba establecido, todo en orden,
inamovible en sus formas y sus fondos… Iba, venia, iba,
venia…
Me movía al ritmo de las cotidianeces
de la vida.
Todo parecía transcurrir con la lógica
que yo misma había dado a mis actos
y marchaba, sin que se presentara ningún
planteamiento que le diera a esta realidad giros de novedades
significativas.
Tal vez fuera esa fidelidad la que sumada generó el
gran cambio.
Tal vez el paisaje se agotó en si mismo,
cerró su ciclo, guardó su programación y
clausuró la etapa, seguro de haber realizado la tarea.
Ahora no hay nada establecido, nada en orden,
cuerda floja de la novedad de este salto en las etapas, de esta
evolución íntima de mi ser entero…
Y no es que quiera o no quiera, no es que me
guste o no, o que haya perdido el sentido o los cinco sentidos,
no.
Es que se cierra el ciclo, se anochece de muerte
viva este entorno, todo esta diferente… Ahora la mirada
es interna, el radar es profundo y navego por mis terrenos cotidianos
como si yo fuera otra persona…
Paso el umbral. Asumo el duelo, calmadamente
espero a que comiencen a sucederse nacimientos… y la realidad
se me torne de nuevo comprensible.
El temor me espanta un poco, quiero devolverme,
proteger lo adquirido, lo conquistado con tanto esfuerzo pero… Ha
desaparecido la puerta tras de mi y sólo queda una niebla
iluminada y abierta que se desplaza con los movimientos de mi
cuerpo…
Ya no es aquí, ya no es ahora, es otro
el tiempo, otro el espacio… Me da vértigo, grito
pero sin desespero, segura de que no puedo hacer otra cosa que
avanzar con la seguridad de aprender sobre este vuelo.
Potente la energía que se ha desplazado
brindándome esta nueva vitalidad, esta realidad profunda
de mi conciencia que tiene rostro amable, apacible mirada, proyección
a futuro. Avanzo.
AngelA, Marzo 2005.
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