| En la feria del Parque había
una mujer rodeada de pequeñas figuritas de porcelana antigua,
todas ellas preñadas de encantos y colores.
Simplemente sentada entre sus figuritas, parecía gozarse
de mirarnos a todos. Era tal vez aquella expresión alegre
y serena la que la hacía esparcir una especie de magnetismo
poderoso ante el cual era imposible no rendirse.
Parecía que realmente disfrutaba, aunque no vendía
nada. Sólo la acompañaba junto a sus pies un pequeño
letrero que decía: “SE RESTAURAN PORCELANAS”,
“SE DEVELA EL FUTURO”.
¡Era una VIDENTE! y no tenía turbantes, ni aromas,
ni misterios... Desconcertada, me quedé observándola,
como tratando de comprender... Fue entonces cuando ella posó
sus ojos sobre mi y de inmediato me sentí atrapada: ya
no podía huirle a esa fuerza interior que transmitía.
Me dejé seducir por la intrepidez de aquellos ojos vivos
y esa sonrisa suelta, y me acerqué.
“Te esperaba”, me dijo. Yo espantada le pregunté:
“Por qué?”. “Personas como tú
reconocen éstas porcelanas aunque no sepan muy bien lo
que quieren decir. Hay un pasado milenario en el interior de cada
uno que se deja sentir cuando se ve reflejado en ellas y algunas
personas –como tú- se permiten percibirlo. Verdad
que hace tiempo andas buscando algo que no sabes qué es
y que no se puede comprar ni tú sabes dónde conseguirlo?”.
Mi impacto era tan grande que no emití ni una palabra.
Me sentía como transportada a una dimensión muy
extraña.
Entonces ella siguió diciendo: “Dime una cosa: Si
supieras que tienes entre tus cosas viejas una porcelana de éstas,
tal vez abandonada, llena de polvo y sucia, opaca y afeada de
tanto estar guardada, estarías dispuesta a traérmela
para restaurarla? Yo también puedo certificarte su valor
porque puede tratarse de una inigualable figura, como estas”.
Y de nuevo me fijé en aquellas porcelanas pequeñas,
delicadas, rebosantes de colorido, magnéticas también.
Si, yo si tenía una de esas. Desde muy pequeñita
la había guardado en mi cajón porque cuando crecí,
ya no me pareció bonita. Pero...ella cómo sabía?
“Me dice usted que puede certificarme su valor. Cree que
pueda valer algo? Me la dieron mis padres cuando era muy pequeña,
ya casi ni recuerdo...” Y traté de esforzarme por
hacer memoria... Fue entonces cuando ella continuó: “Búscala
enseguida y tráemela con cuidado para que no se rompa,
y la veremos”.
Cuando empecé a regresar a mi casa para buscarla, una
intensa emoción se me fue perfilando. “Y si acaso
fuera genuina y muy valiosa?”. Ella la restauraría
y seguramente querría comprarla... Podría hacer
un buen negocio... Pero ¡no! ¡Era mía! Ahora
recordaba cuánto la quería y cuidaba cuando era
pequeña. Me entraron enormes deseos de restaurarla para
poder ponerla en todo el centro de mi sala y que todos la vieran...
Entonces me acordé que ésta mujer era también
vidente. Me asusté. ¿Qué relación
podrían tener unas porcelanas con el futuro? En todo caso
ya estaba curiosa y ese sentimiento interior me impulsaba a llevársela.
Ya veríamos eso del futuro.
Entré a mi casa y busqué en los cajones de mis
chécheres viejos. Allí estaba, muy despintada y
con algunas astillitas de menos... La observé con cariño,
la acaricié con mis manos... Y si fuera de verdad valiosa?
Si tuviera entre mis manos un tesoro? Me conmoví asustada
y rápidamente la envolví en un paño para
evitar quebrarla, la cargué con mis dos manos como si fuera
un trofeo, un bebé, un pollito, y me volví a la
feria.
Me acerqué a la mujer que me acogió sonriendo –como
siempre- y me invitó a sentarme. Cuando quise entregarle
la porcelana, me detuvo; pidió que me quedara con ella
y se paró a buscar algo entre sus cosas. Volvió
junto a mi y me dijo: “Ahora desenvuélvela, que es
lo mismo que empezar a develarle el misterio. Eres tú misma
la que restauras, yo te voy orientando. Miremos primero su valor”.
Me Pasó un paño limpio para frotarla. “Hazlo
con cuidado, suavemente, la capa que la cubre está un poco
pegada pero no se va a llevar toda la pintura original, lo ves?
“Mírala bien, es bella y es original, invaluable.
Si tú la frotas suavemente descubrirás poco a poco
su belleza y encanto”. De repente me pareció que
de ésta pequeña figurita brotaba una fuerza enorme,
como de pura vida; una especie de genio despertándose en
ella... “No te asustes”, me dijo. “Es lo que
pasa siempre, es la forma de realizar el encantamiento porque
esa figurita eres tú y en la medida en que la restaures
vendrá de tu interior esa fuerza que te asegurará
conquistar los más grandes anhelos de tu vivir”.
Cuando miré la figura, la porcelana estaba restaurándose
sólo con mi roce y yo misma sentía por fin integrándose
mi ser, mis anhelos, el pasado, el futuro... Me sentí deseosa
de crecer, de vivir y de darme, de ponerme en mi centro para irradiar
a todos así como soñaba de mi porcelanita en la
sala....
Conmovida abracé a esta bella mujer y ella en respuesta,
además de su abrazo, me mostró una de las porcelanitas:
¡Era ella misma en pequeño, bellísima, reluciente!
“Si, me dijo, puedes venir el tiempo que tú quieras,
mientras dure la feria. Restaurarás junto a mi tu porcelana
vieja y verás cómo es posible que develes y construyas
futuro...”
Cuando acabó la feria, dejé mi porcelana entre
las suyas, segura de que muchos otros como yo habían hecho
lo mismo antes, acompañándola a restaurar humanidades
rotas: ella en las ferias, nosotros en la vida.
Septiembre 13-2001
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