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Autor:

Angela Toro

Titulo:

La Vidente

 

En la feria del Parque había una mujer rodeada de pequeñas figuritas de porcelana antigua, todas ellas preñadas de encantos y colores.

Simplemente sentada entre sus figuritas, parecía gozarse de mirarnos a todos. Era tal vez aquella expresión alegre y serena la que la hacía esparcir una especie de magnetismo poderoso ante el cual era imposible no rendirse.

Parecía que realmente disfrutaba, aunque no vendía nada. Sólo la acompañaba junto a sus pies un pequeño letrero que decía: “SE RESTAURAN PORCELANAS”, “SE DEVELA EL FUTURO”.

¡Era una VIDENTE! y no tenía turbantes, ni aromas, ni misterios... Desconcertada, me quedé observándola, como tratando de comprender... Fue entonces cuando ella posó sus ojos sobre mi y de inmediato me sentí atrapada: ya no podía huirle a esa fuerza interior que transmitía. Me dejé seducir por la intrepidez de aquellos ojos vivos y esa sonrisa suelta, y me acerqué.

“Te esperaba”, me dijo. Yo espantada le pregunté: “Por qué?”. “Personas como tú reconocen éstas porcelanas aunque no sepan muy bien lo que quieren decir. Hay un pasado milenario en el interior de cada uno que se deja sentir cuando se ve reflejado en ellas y algunas personas –como tú- se permiten percibirlo. Verdad que hace tiempo andas buscando algo que no sabes qué es y que no se puede comprar ni tú sabes dónde conseguirlo?”.

Mi impacto era tan grande que no emití ni una palabra. Me sentía como transportada a una dimensión muy extraña.


Entonces ella siguió diciendo: “Dime una cosa: Si supieras que tienes entre tus cosas viejas una porcelana de éstas, tal vez abandonada, llena de polvo y sucia, opaca y afeada de tanto estar guardada, estarías dispuesta a traérmela para restaurarla? Yo también puedo certificarte su valor porque puede tratarse de una inigualable figura, como estas”. Y de nuevo me fijé en aquellas porcelanas pequeñas, delicadas, rebosantes de colorido, magnéticas también.

Si, yo si tenía una de esas. Desde muy pequeñita la había guardado en mi cajón porque cuando crecí, ya no me pareció bonita. Pero...ella cómo sabía?

“Me dice usted que puede certificarme su valor. Cree que pueda valer algo? Me la dieron mis padres cuando era muy pequeña, ya casi ni recuerdo...” Y traté de esforzarme por hacer memoria... Fue entonces cuando ella continuó: “Búscala enseguida y tráemela con cuidado para que no se rompa, y la veremos”.

Cuando empecé a regresar a mi casa para buscarla, una intensa emoción se me fue perfilando. “Y si acaso fuera genuina y muy valiosa?”. Ella la restauraría y seguramente querría comprarla... Podría hacer un buen negocio... Pero ¡no! ¡Era mía! Ahora recordaba cuánto la quería y cuidaba cuando era pequeña. Me entraron enormes deseos de restaurarla para poder ponerla en todo el centro de mi sala y que todos la vieran...

Entonces me acordé que ésta mujer era también vidente. Me asusté. ¿Qué relación podrían tener unas porcelanas con el futuro? En todo caso ya estaba curiosa y ese sentimiento interior me impulsaba a llevársela. Ya veríamos eso del futuro.

Entré a mi casa y busqué en los cajones de mis chécheres viejos. Allí estaba, muy despintada y con algunas astillitas de menos... La observé con cariño, la acaricié con mis manos... Y si fuera de verdad valiosa? Si tuviera entre mis manos un tesoro? Me conmoví asustada y rápidamente la envolví en un paño para evitar quebrarla, la cargué con mis dos manos como si fuera un trofeo, un bebé, un pollito, y me volví a la feria.

Me acerqué a la mujer que me acogió sonriendo –como siempre- y me invitó a sentarme. Cuando quise entregarle la porcelana, me detuvo; pidió que me quedara con ella y se paró a buscar algo entre sus cosas. Volvió junto a mi y me dijo: “Ahora desenvuélvela, que es lo mismo que empezar a develarle el misterio. Eres tú misma la que restauras, yo te voy orientando. Miremos primero su valor”. Me Pasó un paño limpio para frotarla. “Hazlo con cuidado, suavemente, la capa que la cubre está un poco pegada pero no se va a llevar toda la pintura original, lo ves?

“Mírala bien, es bella y es original, invaluable. Si tú la frotas suavemente descubrirás poco a poco su belleza y encanto”. De repente me pareció que de ésta pequeña figurita brotaba una fuerza enorme, como de pura vida; una especie de genio despertándose en ella... “No te asustes”, me dijo. “Es lo que pasa siempre, es la forma de realizar el encantamiento porque esa figurita eres tú y en la medida en que la restaures vendrá de tu interior esa fuerza que te asegurará conquistar los más grandes anhelos de tu vivir”.

Cuando miré la figura, la porcelana estaba restaurándose sólo con mi roce y yo misma sentía por fin integrándose mi ser, mis anhelos, el pasado, el futuro... Me sentí deseosa de crecer, de vivir y de darme, de ponerme en mi centro para irradiar a todos así como soñaba de mi porcelanita en la sala....


Conmovida abracé a esta bella mujer y ella en respuesta, además de su abrazo, me mostró una de las porcelanitas: ¡Era ella misma en pequeño, bellísima, reluciente! “Si, me dijo, puedes venir el tiempo que tú quieras, mientras dure la feria. Restaurarás junto a mi tu porcelana vieja y verás cómo es posible que develes y construyas futuro...”

Cuando acabó la feria, dejé mi porcelana entre las suyas, segura de que muchos otros como yo habían hecho lo mismo antes, acompañándola a restaurar humanidades rotas: ella en las ferias, nosotros en la vida.


Septiembre 13-2001

 

   
 
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