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Autor:

Romina Amodei

Titulo:

Jamás te olvidaré

 

Desperté con una extraña sensación, en mi mente había un recuerdo lejano, pero hermoso. Algo me decía: “¡Cuántos años han pasado”!... Sí, me respondí. Qué locura estaba hablando conmigo misma... y me eché a reír. Me tiré en la cama nuevamente y cerré los ojos.
Una majestuosa escalera desembocaba en un pasillo eterno, angosto, de cerámica a cuadros negros y marfil. A sus costados puertas que daban a los cuartos, baños y una de roble que permitía la entrada a “esa” cocina. Era una cocina mágica, había una mesa quilométrica con tortas, dulces o comidas exquisitas, por supuesto caseras. Hechas por un par de manos arrugadas, cálidas y hábiles. Desde el ventanal de la cocina de mi niñez se veía un jardín que conservaba todas las plantaciones de mi abuelo: cactus, potus, rosales, petunias, jazmines, amapolas, begonias, aralias ... y plantas de todas las tonalidades del verde.
Sobre la pared blanca del fondo había un tapiz vegetal, imperfecto como un mapa, diagramado de una forma especial, siempre hacia arriba buscando la dirección al cielo. Era la planta más rápida e inalcanzable del jardín. La enredadera, una planta curiosa que asomaba sus hojas frescas, y sus ramas finas por cada ventana de esa gran casa, para espiarnos. Testigo y cómplice de cada foto familiar, amiga de la esperanza, crecía día tras día, cada vez más alta e inalcanzable para aquella niña que la admiraba. Hoy esas puertas se han cerrado, nunca más supe de aquel pacificador y saludable espacio verde. Sólo espero que aquel “mundo aparte” de los años ochenta, sea un bosque frondoso y que esa enredadera haya escalado hacia su “meta”.
Después de un rato abrí los ojos llenos de lágrimas. Me miré en el espejo y se me escapó una sonrisa... Como si esa niña me lo hubiese pedido.

   
 
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