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Desataré de mí a
esa furia contenida
en trastocar el crudo dominio de la noche,
desataré la lucha
del darse con derroche
de arrebatarle al fuego su llama más
subida.
Desataré de mí a la intención
ya lanzada
en dejar con rumbo cierto el anhelo y
el sueño,
de un mundo de todos, de un horizonte
sin dueño,
de un viento sin brumas sobre la tarde
dorada.
Desataré mi risa y prodigaré mi
aprecio,
acorralaré al odio también
al desprecio,
entregaré mi fuerza, mi temple,
la delicia,
y aunque débil te suene ese pisar
del paso
o frágil sea el beso, mas torpe
el abrazo,
un nuevo tiempo te ahondará en
su caricia.
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