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(Los barrotes están demasiado cerca como para que los
podamos ver).
Introducción:
¿Que tenemos hoy?
Una mujer que quiere ser hombre, un hombre que esta dejando
de serlo.
Los niños son más despiertos, ¿será por
eso que sueñan menos?
Una tecnología cada vez más peligrosa comprada
con cuotas de stress.
El Hombre compra aparatos para que trabajen por él,
pero trabaja todo el día, toda su vida, para poder comprarlos.
Una sociedad que sueña con sexo y dinero, y que cuando
los consigue no sabe muy bien qué hacer con ellos.
Soñamos con vivir sin trabajar, pero desperdiciamos
pasivamente el ocio frente al televisor, adquiriendo sueños
ajenos que nos costaran mucho trabajo intentar hacerlos realidad.
La Cultura esta al alcance de muchos, pero no le interesa
prácticamente a nadie.
Han loteado en pequeños feudos el cielo de las religiones,
que luchan entre sí robándose adeptos mediante
groseras estrategias de marketing.
El show de la desesperación se erige como altar, nos
venden fanatismo y milagros a precio de Fe. Irónicamente,
en los umbrales del nuevo siglo, la brujería hace mejor
negocio que en la Edad Media.
Ya casi nadie es feliz: Los triunfadores se drogan, los suicidas
son cada vez más jóvenes.
Las jóvenes son seducidas por los cuarentones, y no
precisamente por dinero: ¿Están evolucionando
más rápido que los buenos muchachos?.
La creación musical sufre un estancamiento desde los
'80. Se reciclan viejos temas con nuevos ritmos, y a pesar
de que el fondo choca alevosamente con la melodía... ¡venden
por cifras siderales!.
El aparato legal tomó tal complejidad, que la delincuencia
se ampara cada vez más en él para zafar de la
justicia.
Vivimos comprando seguridades, con la inseguridad de poder
pagarlas a todas.
Venimos, generación tras generación, construyendo
afanosamente nuestra propia jaula, agregando nuevos barrotes
y sacándole brillo a los viejos. La libertad de la que
tanto nos jactamos, hoy consiste en ser libres de elegir qué clase
de barrotes queremos para nuestra jaula.
Con el violento roce de mis alas contra los barrotes se me han desprendido
algunas plumas, las recogí y escribí cada cuento de este libro
con algunas de ellas.
¿Será mera ilusión, o las gastadas puntas de esas plumas
podrán servirme como ganzúas, para abrir la puerta de mi jaula?,
...Y a Usted, ¿No le gustaría probarlas en su cerradura?.