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Detente en la delgada hoja que separa
los misterios de la sal de los del pez
que a su antojo cabalga
sin rienda ni bocado, él solo.
Igual, igual que esa dama,
esa lady Godiva, ese ser
igual a la muerte, que nadie
ha logrado retratar en su furor.
Obvia, sesga, machetea, no escribas
los riesgos frondosos de los contraluces,
los venenos de la cobra, las cerbatanas,
la entraña del dragón inexplicable,
el hirviente mármol, el peldaño falaz
de la escala sublime. Y préndete:
tu mejor galardón es besar el sueño,
la semedormiente sombra que alberga tu almohada.
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