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graciela temperini

Bernardo Gonzalez

Bernardo González Koppmann (Talca, 1957). Es Profesor de Estado en Historia y Geografía. Su obra poética se reúne en el texto “Cantos del bastón”. Por su trabajo literario ha recibido importantes distinciones entre las que destacan el Tercer Premio en el Concurso Nacional de Poesía El Mercurio en 1988 y Primer Lugar en el Concurso de Poesía “Pablo Neruda”, realizado por la revista Pluma y Pincel en 1989. Ha investigado y difundido la literatura de su región, donde sobresalen trabajos como “Maulina”, antología poética de Emma Jauch y “El viejo guanay y otros cantos”, que recopila textos de Jorge González Bastías. Actualmente trabaja en el libro “Faluchos”, que reúne 30 textos clásicos de la poesía del Maule. Ha sido incluido en diversas antologías e invitado a innumerables encuentros de escritores a lo largo del país. En el año 2003 participa en “Anaconda”, Antologia di Poeti Americani, publicado en Quebec, Canadá. Es miembro de la Sociedad de Escritores de Chile.

 

TESTAMENTO
Entrevista publicada en Revista “Rayuela” Año 2 N°6, Agosto 2001, Talca - Chile


BERNARDO GONZÁLEZ
Y SU GRAN TRAVESÍA
POR EL RÍO DE LAS NIEBLAS
por Mario Meléndez

Profesor de Historia y Religión, columnista durante años del diario El Centro de Talca, viajero de costa a cordillera, escalador de estrellas y heredero de bosques y avellanas, este poeta nos entrega su personal y entrañable visión del mundo a partir de esta tierra maulina, la tierra en la que canta y ama.

- ¿Quién es Bernardo González?
- Es un sujeto irresponsable porque aún cree que la poesía puede cambiar este mundo por otro mejor, en circunstancias que la modernidad y el neoliberalismo vigentes no incluyen al humanismo en sus proyectos de desarrollo. Nací en Talca en 1957, me recibí de Profesor de Estado en Historia y Geografía, y trabajo en el Instituto Superior de Comercio de mi ciudad natal. He publicado algunos libros y recibido reconocimientos en innumerables concursos nacionales de poesía – entre ellos, un tercer lugar en El Mercurio en 1989 -; también he investigado a poetas regionales y escribo de vez en cuando comentarios literarios en la prensa local.

- ¿Qué te motiva a escribir y hacia dónde apunta tu trabajo?
- Pretendo seguir este camino de poeta porque, a pesar de los pesares, nada me proporciona más hartura corporal y espiritual que leer y escribir. Con palabras de Gastón Bachelard quisiera fundamentar mi respuesta: “Las imágenes poéticas viven la plenitud del lenguaje humano. Se las reconoce en su lirismo activo, por una señal íntima: renuevan el corazón y el alma; dan – esas imágenes literarias – esperanza a un sentimiento, vigor especial a nuestra decisión de ser una persona, tonifican incluso nuestra vida física. El libro que las contiene es de súbito para nosotros una carta íntima. Desempeñan un papel en nuestra existencia. Nos vitalizan. Gracias a ellas, la palabra, el verbo, la literatura, ascienden a la jerarquía de la imaginación creadora. El pensamiento, al expresarse en una imagen nueva, se enriquece, enriqueciendo a la vez la lengua y, por ende, al sujeto que la emplea.” Y mi trabajo apunta precisamente a dejar por testimonio de vida un puñado de palabras verdaderas que vengan a personalizar un tanto estas relaciones cada día más mercantiles y prostituidas; pretendo romper ese circulo de incomunicación paradójica en un mundo atestado de propaganda banal, publicidad grotesca y mensajes hueros.

- ¿Te agrada tu condición de poeta regional?
- Yo nunca me he propuesto ser poeta “regional”, sino poeta a secas. Pero por origen y, especialmente, por motivos y temática me he ido circunscribiendo a un prototipo de escritor provinciano, rural, maulino, porque adhiero instintivamente a la premisa de Cervantes, Rulfo, García Márquez, Teillier, Barquero, Kavafis y tantos otros que plasman su arte a partir del universo que los circunda, que conocen, aman y embellecen. No se puede elaborar ficciones ignorando la realidad o consumiéndola vulgarmente como depredador o turista. Así he ido recogiendo leyendas, costumbres, gestos, ritos, usos, artesanías, modos, maneras; en fin, una cultura espontánea pero con perfiles más o menos definidos que han dado en llamar “maulinidad”, y, poco a poco, con estos materiales antropológicos he hurgado en mi propia universalidad subyacente utilizando de preferencia imágenes literarias que elaboro con técnica y paciencia, es decir, con responsabilidad. “Describe tu aldea y serás universal” de Tolstoi o “La única calle de mi pueblo llega a todas partes” de Floridor Pérez son versos que me identifican plenamente. Quisiera agregar que dentro de la tradición poética del Maule existen dos tendencias o escuelas bien asentadas; mi intención – y este es un factor que sí me podría definir como poeta “regional” – ha sido fusionar en un estilo propio, la corriente telúrica descriptiva de González Bastías, Emma Jauch y Efraín Barquero con la línea hermética metafísica de Matías Rafide, notable poeta cureptano, en un esfuerzo que, amén de la imagen de la realidad objetiva que me subyuga, contenga metáforas o símbolos sensoriales que me permitan desentrañar el ethos del ser maulino. Llamo a mi estilo “metadescriptivo.”

- ¿Cuál es tu mejor libro y qué representa?
- Mi mejor libro se llama “Memorias del Agua”. Son 50 textos que en su conjunto pretenden rescatar el mundo maulino, en su variante ribereña; es decir, las faenas íntimas y cotidianas de los lugareños del ramal, de los caseríos, de los rulos del secano costero; canto sus sueños, frustraciones y realizaciones. Es el país que siempre he habitado y el cual pretendo dignificar a través del arte. Reconozco que es un libro que se fue armando solo; yo escribía de tarde en tarde algunos poemas lentos que apartaba por temática y temple de ánimo, por estructura y lenguaje, los cuales – reunidos con suma parsimonia – vinieron a configurar esta obra que estimo madura porque recoge una cosmovisión autónoma y vernacular. Pájaros, leyendas, aromas silvestres, costumbres, árboles milenarios, creencias, modos genuinos, ceremonias, ritos, conjuros, flores del campo y astros pueblan las páginas de este texto. En tiempos de indefiniciones y ambigüedades yo me atrevo a decir – aunque no sea escuchado sino por piedras y yuyos – quién soy y cómo viven y mueren mis gentes en estos rincones amados.

- ¿Cómo adviertes al poeta del futuro y qué misión debe cumplir?
- Lo advierto preocupado intentando asimilar los medios audiovisuales y ordenadores al trabajo poético, lo veo de vuelta de los “ismos”, rastreando los motivos y temas esenciales: el ser humano y sus sueños, alejándose definitivamente de la farándula y la sensiblería; profesional; lo percibo crítico, creativo, honesto, buscando con asombro la sabiduría de la naturaleza; lo intuyo todavía capaz de escuchar en el silencio las palabras verdaderas; lo creo consecuente, austero y solidario, siempre incomprendido y marginal, pelando el ajo pero feliz. Ojalá asuma con humildad la realidad, el hecho evidente de ser la fusión extraordinario de sentimiento y razón, “mezcla rara” diría Piazzola, facultado para percibir imposibles y abandone ya esa actitud vanidosa de iluminado o mártir, y no se empeñe tanto en buscar el espejismo de la fama, que casi siempre desemboca en los excesos de la depresión y el suicidio. Pienso que el poeta del futuro tendrá la misma misión que tuvieron los pastores de Judea u Homero: cantar las penas y alegrías de un pueblo llano que sigue bregando contra el poder de la fuerza bruta; los juglares, Virgilio o Dante amaban por sobre todo la sencilla poesía de vivir. Sólo han cambiado las formas externas, el ropaje, los electrodomésticos, artefactos, marcas, el uso del tiempo libre, pero el fuero interno del creador, del escritor, inevitablemente ha sido consumido por idénticos anhelos: la vida, la muerte, el amor... El poeta, hoy y siempre, debe insistir en su única e irrenunciable misión: escribir, y escribir bien.

- ¿Puede, finalmente, la poesía abstraerse de los acontecimientos que le son contingentes? Y si no es así ¿Qué papel debiese cumplir en dicha circunstancia?
- La contingencia la crean los apetitos y necesidades no resueltas; es objetiva y concreta; está ahí, a la vista, desparramada, caótica, desbocada; existe, te agrede, te insulta, te cuestiona, te exige acción; incluso, la contingencia es provocada por una constitución leguleya retrógrada y por condicionamientos sociales coloniales – “el peso de la noche” – profundamente arraigados en nuestra forma de ser talquino, chileno: la censura, la inseguridad, el pecado, el rumor, el pelambre, el qué dirán, el temor al ridículo, el sentimiento de culpa; todas actitudes paralizantes, conservadoras, que impiden el amplio desarrollo de las facultades intelectuales. Ni los políticos, ni los educadores, ni los credos religiosos, ni la familia tradicional han podido subvertir esta situación de indiferencia y desprecio al cultivo de las artes y las letras. Desde que el mundo es propiedad privada se rige por las bolsas de comercio y no por las metáforas.
¿ Qué pueden hacer la poesía y los poetas? Persistir, escribir, ser consecuentes; “tábanos”, como decía Sócrates, en las grupas de los asnos para que se despabilen; permanecer lúcidos, o ser como Teillier “el guardián del mito y del misterio hasta que lleguen tiempos mejores.”