| Sulima se encontraba en misión en un recóndito
lugar de la Galaxia, casi en los límites, allí donde
se encuentran los planetas periféricos.
Su ciudad se situaba justo en el centro galáctico, en
un planeta llamado Arón. Arón era una esfera perfecta
desde cuyo núcleo fluía una luz clara y cristalina
que se expandía en colores múltiples y en musicales
sonidos hacia las estrellas.
Aquellas ondas de luz que partían de Arón eran
una poesía viva que tocaba a su paso a la noche fría
interestelar, a los planetas densos y remotos. A los viajeros
que se aventuraban en la exploración de sus sistemas solares
buscando otras vidas, empezando tímidamente a caminar
más allá de su mundo primero.
Sulima miraba desde su nave aquellos planetas verdes, azulados
y rojizos mientras se desplazaba por el espacio sin resistencia.
Veloz y ligera como viento iluminado.
La llamada
Los aparatos de detección de señales de su nave
registraron un dato extraordinario. La pantalla mostró a
un ser peludo como un lobo, animal que ya había registrado
en la memoria del ordenador. Pero a diferencia de aquel, éste
se mantenía erguido sobre las dos piernas traseras mientras
que con las delanteras asía un palo con el que parecía
escribir o trazar o dibujar algo en la tierra.
Pudo ver
en sus ojos, del color de la miel, el brillo de una inteligencia nueva. Abiertos
miraban al cielo. Liberando sentimientos que nacían y retumbaban en
sus profundidades. Como una poderosa tormenta de rayos, truenos y volcanes.
Soles, flores y silencio. Sus ojos preguntaban y llamaban.
Comer y ser comido
Es un triste destino
Me agito en este cuerpo
En este viejo amigo
Dividido
He escuchado el canto de una ciudad de luz
Ven
Ayúdame a volar
Esto fue lo que tradujo la computadora poética. Y Sulima
decidió iniciar el descenso.
En el planeta azul
Las montañas nevadas brillaban bajo el sol. Las praderas
se extendían y las fuentes proyectaban arco-iris mientras
bajaban por aquella tierra fértil. Las plantas y los animales
se abrían en múltiples formas cantando y danzando
al ritmo del tiempo.
El miraba su reflejo en un lago de aguas quietas, e intentaba
atrapar en sus ojos, ahora devueltos por aquel espejo, un significado,
un sentido, una certeza…Algo que no sabía muy bien
que era y que se le resbalaba entre sus dedos. Que no llegaba
a captar con nitidez. Era un presentimiento que lo impulsaba
a buscar y a preguntarse por su vida y por las cosas.
-¿Qué buscas? Preguntó Sulima
El respondió:
Comer y ser comido
Es un triste destino
He escuchado el canto de una ciudad de luz
¿puedo llegar allí?
Sulima le entrego este mensaje:
Cuando vibres en ondas
Veloces como el viento
Cuando seas un verso
Que atraviesa los cielos
Desplázate suave
Sonriente y brillante
Te alejarás del tiempo
Primitivo y animal
Y entrarás en un tiempo
Que no tiene final.
Y
partió hacia su ciudad.
5-6-97
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