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Vino en un sueño. El contacto debería
decir, fue el que se presentó en un sueño. Ya había
tenido sueños de este tipo antes pero este definitivamente
era algo distinto.
Él vino vestido de blanco y debo decir que el blanco jamás
fue un color que Ric usaba, excepto en raras ocasiones. Estaba
sonriente y juguetón como si hubiera hecho una maldad recientemente
y todavía estaba esperando a que el resto de la gente se
diera cuenta y dijera algo. Yo estaba indignado, verdaderamente
enojado con Ric y no estaba de humor para sus juegos insólitos.
Como no iba a estar enojado. Solo dos días atrás
me habían comunicado que Ric se había muerto y la
causa aparente era suicidio. Ric me llamó algunas horas
antes de su muerte y conversamos por teléfono por casi
media hora. Estaba desesperado, confuso y apenas pudimos mantener
un dialogo coherente. Me indicó que estaba sin esperanzas
y que todo lo que había hecho en su vida había salido
mal y que no sabía que hacer. Yo le di aliento y esperanza
pero tengo que confesar que su estado me alarmó bastante
y pensé en ese momento que Ric se había metido en
un lío bastante grande, pero no se me pasó por la
mente que se quitaría la vida. Eso, era algo que ni siquiera
lo contemplé como una posibilidad pesimista. Solo me imaginé
que era una de las tantas crisis que Ric había tenido durante
los veinte y tantos años desde que lo conocí. Le
propuse que llamara inmediatamente a su hermana para que fuera
a verlo y se calmara un poco. Ric me prometió que así
lo haría, pero no fue el caso y dos horas más tarde
estaba muerto.
Lo peor de todo era mi enojo. No sentí pena ni amargura
ni nada por el estilo. Una sorda indignación porque en
el libro de mis preceptos morales estaba escrito que uno no se
quita la vida por ningún motivo.
La noticia me apabulló por eso mismo, porque no estaba
dentro de lo que podía intuir y después de algunos
minutos de reflexiones absurdas sobre lo podría haber hecho,
me quede con la ofuscación adentro.
Un día entero pasó y seguía indignado y mentalmente
diciéndole a Ric que había sido un canalla y un
imbécil por haberse despachado así teniendo tanta
gente alrededor que lo apoyaba sin límites, que lo quería
tal como él era y todas esas cosas que se dicen cuando
lo inexplicable lo agarra a uno de sorpresa.
Esa noche, al menos me pude decir que no era justo mi enojo y
que yo no era dios para decidir que lo que Ric había hecho
estaba bien o mal. Esa noche perdoné a Ric, pero más
que nada me di cuenta que mi actitud inflexible no correspondía
a la situación y un alivio enorme me invadió con
el pensamiento de que a lo mejor, ...a lo mejor, todo estaba bien
después de todo...
Al día siguiente me olvide casi por completo de Ric. Es
increíble lo rápido que la memoria se disipa y en
una vida ordinaria de miles de cosas que hacer, los recuerdos
siempre tienen que hacer cola, así que supongo que esa
noche ahí estaban todos ellos dispuestos a no dejarme tranquilo
hasta que Ric hiciera el contacto.
Y ahí estaba mi amigo, todo de blanco, muy contento y yo
no pude dejar de decirle que había hecho una estupidez
sin límites y que como se le ocurría suicidarse
sin avisar. Los sueños son siempre absurdos y uno dice
cosas que jamás diría en la vigilia ordinaria, así
que seguí con mi lista de improperios y Ric continuaba
fresco como una lechuga, cosa que me confundió bastante.
Finalmente Ric abrió su boca y con sus ojitos brillantes
y pícaros me dijo que no me preocupara en absoluto porque
lo estaba pasando de lo más bien y que en realidad todo
había salido a las mil maravillas. Yo lo miraba medio boquiabierto
y él seguía sonriendo y explicándome que
en esta nueva vida todo estaba perdonado de antemano, así
que ni siquiera tenía que preocuparse por lo que haría
o no haría. Ric me dijo que estaba bien y feliz y así
como apareció, desapareció en el sueño y
no tuve más imágenes. Una tranquilidad enorme me
llenó y supe con una certeza imposible de describir que
Ric efectivamente había hecho la transición a pesar
de mis temores, apremios y críticas.
A la mañana siguiente le hablé a Jorge para decirle
que nuestro amigo Ric se encontraba en perfectas condiciones y
que no teníamos que preocuparnos en absoluto. Creo que
Jorge recibió la noticia con alivio pero seguramente se
debe de haber preguntado de donde yo sacaba mis conclusiones.
Bueno, si no lo expliqué en ese momento, sirva esta historia
para aclarar el asunto
Pórtland, 2001
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