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Este escrito está dedicado con muchísimo
cariño a la vendedora de mote con huesillos al lado de
la estación Mapocho
Portland, Diciembre 1, 1999
El viaje
Esa noche tuvo un sueño diferente. Soñó
que flotaba en el aire y que todo cerca de él podía
atravesarle como si solo fuera una figura etérea sin corporalidad.
Y en su sueño se acercó una belleza que le preguntó
que hacía flotando en el medio de la nada. Y él
simplemente le respondió que no hacía cosa alguna,
que solo existía porque así lo deseaba. Que en realidad,
flotar y ser más liviano que el aire era una decisión
mental de unos pocos segundos y así se lo demostró.
Volvió a su cuerpo y en unos pocos instantes ahí
estaba flotando nuevamente enfrente de esta belleza de labios
insinuantes y de esperanzas ocultas. Ella lo miró a los
ojos y voló hacia Cafet para fundirse en un abrazo que
ninguno de los dos pudo sino asir el aire ya que no tenían
corporeidad. Fue una sensación extraña, inmensamente
confusa y al mismo tiempo sorprendente. Sus labios se acercaron
a los de él y siguieron de largo a besar el infinito. Los
labios de Cafet cruzaron la dimensión opuesta del infinito
de ella, pero algo que existía dentro o fuera de él
- la verdad es que no supo donde localizarlo - y que no era su
cuerpo, fue capaz de sentir esos besos, esa pasión que
estaba contenida en ellos y todo lo que eso significaba. Todo
eso lo sintió a pesar de no tener cuerpo, a pesar de flotar
en el vacío.
La belleza siguió su camino y él le preguntó
al despedirse
"¿Hacia donde vas?"
"Hacia mi destino
", le contestó.
"Y donde está tu destino", Cafet preguntó
"En aquello que va mucho más allá de nuestros
cuerpos, de nuestros sentidos, de todo eso que solo conocemos
por su materialidad", le contestó
"¿Porqué te has detenido a besarme entonces?",
le preguntó Cafet un poco confuso con sus respuestas
"Tú eres parte de mi destino y te he dado lo mejor
de mí
", le dijo y desapareció con un
destello luminoso.
Cuando despertó de su sueño pensó que lo
había visitado un hada, pero las hadas no lo habían
visitado desde su infancia, ni tampoco los ángeles que
desaparecieron misteriosamente en su adolescencia, y mucho menos
ángeles atractivos que lo andan besuqueando fuera de dejarlo
todo tembloroso y expectante. Y los besos se desvanecieron con
el sueño, pero la sensación de haber encontrado
a alguien que estaba definitivamente orientada hacia un destino
particular se quedó con él porfiadamente insistiendo
en aparecerse en sus pensamientos diarios haciéndolo reflexionar
una y otra vez en la intensidad de la experiencia.
Todos estos pensamientos lo asaltaban a diario, lo hacían
preguntarse una y mil veces por las razones, por los motivos de
todo lo que hacía y por lo que otros hacían, pero
no tuvo una respuesta cabal hasta que una noche cualquiera, sin
aviso y sin razón alguna fue visitado una vez más
por la belleza de otros días. Y como suele ser en los sueños,
las bellezas siempre siguen siendo hermosas a pesar de las circunstancias
y los años. Además de los atractivos obvios, ella
lo miró con ojos bondadosos y esta vez sin besarlo ni nada
por el estilo, se situó enfrente de Cafet y le preguntó
si sabía de donde venía y adonde iba.
La verdad es que Cafet no entendió muy bien la pregunta,
así que se quedó callado.
La belleza no dijo nada más, miró fijamente a Cafet
y simplemente le tendió su mano luminosa y transparente.
Sin pensarlo mucho, Cafet tomó esa mano y la siguió,
sintiendo que lo llevaba al lugar de sus anhelos más elevados.
Llegaron junto a una plaza y era el atardecer. Los niños
jugaban en los columpios y las madres conversaban animadamente
de cualquier cosa. Un grupo de jubilados jugaban al ajedrez en
varias mesas, mientras otros sentados en los escaños alimentaban
a las palomas que picoteaban y saltaban alegremente alrededor.
Los oficinistas, saco al hombro, maletín en mano y mangas
a medio brazo, caminaban deprisa, seguramente a descansar con
sus familias después de una larga jornada. Bajo los árboles
las parejas de adolescentes coqueteaban, se miraban, se ruborizaban,
se empujaban y algunos escuchaban los sonidos estridentes provenientes
de un "boom box".
Esto no era para nada lo que Cafet se esperaba. Este lugar era
simplemente la plaza de armas de su ciudad natal y hasta pudo
oler el maní confitado proveniente de los vendedores en
la esquina. Sus anhelos más elevados estaban nada menos
que revoloteando con las palomas entremezclados con un grupo de
gitanas que le sacaban la suerte a una vieja gordita mientras
fumaban sin parar y en voz ronca le gritaban a los niños
medios desnudos en un idioma incomprensible. Algo no encajaba
en absoluto con esas búsquedas profundas, pero la belleza
inmutable en su sabiduría haciendo caso omiso a su ceño
fruncido y su cara de pregunta, siguió caminando por la
plaza hasta llegar al centro mismo de ella, donde una fuente chorreaba
unas pocos hilos de agua que obviamente a juzgar por el color
y la hediondez, estaba altamente contaminada.
"Es que la sequía dejó la embarrada
",
dijo la voz proveniente de un costado
La Plaza
La voz no coincidía en absoluto con la cara que apareció
por el lado derecho, casi detrás de la fuente misma. Una
cara joven, hermosa, de una mujer que no debe haber tenido ni
siquiera 30 años. El pelo totalmente negro le cubría
parcialmente los hombros y sus ojos también oscuros tenían
una chispa de inteligencia que era casi imposible de ignorar.
La bella había desaparecido y ahí se encontraba
Cafet enfrente de esta mujer vestida con una camiseta sin mangas
de un color indefinido, una larga pollera al estilo gitano y unas
típicas sandalias como las que usan la mayoría de
las mujeres chilenas en el verano.
"La sequía no termina en este verano", dijo nuevamente
mirando el agua de la fuente y luego añadió
"Y las sequías siempre tienen que ver con esa sed
interna que no se puede saciar así como así."
Por alguna razón la voz de esta mujer era diferente a las
voces que había escuchado durante su vida entera y por
eso mismo tenía dificultades en mimetizarla con su cara.
Había una transparencia en la entonación y en la
forma en que los sonidos eran pronunciados, pero decidió
simplemente dejar de analizar su voz y concentrarse en lo que
decía, que simplemente no se lo esperaba para nada.
"Me llamo Graciela", dijo con una sonrisa. Y agregó
con otra sonrisa
"En realidad ese es el nombre que me dieron, pero por ahora
es suficiente para que nos entendamos"
Esto se empezaba a poner interesante y sin duda Graciela hablaba
con una fluidez que era notoria. No entendió bien lo de
los nombres y decidió que no iba a preguntar por el momento
nada que no fuese sumamente importante, así que empezó
por lo obvio
"¿Qué haces en este lugar?"
"Mi misión de este momento es guiarte"
" ¿Guiarme?. ¿Adónde me vas a guiar?.
¿Qué es esta historia de mujeres que andan haciéndolas
de guías?. ¿Es esta la oficina de turismo interno
o simplemente estoy teniendo más pesadillas de lo normal?
Las preguntas fueron básicamente escupidas con una mezcla
de sarcasmo y de preocupación que no pudo ocultar. Tampoco
pudo dejar de observar algo en el comportamiento que le pareció
sumamente distinto a lo habitual y que lo sorprendió. Sus
preguntas eran directas y la forma de preguntar también.
Sintió que todo su ser se había concentrado en entender
esta situación absolutamente insólita en que se
encontraba y no tenía reparos en hablar, preguntar y cuestionar
todo lo que sucedía.
Graciela no contestó de inmediato y mientras miraba sin
disimulo ni vergüenza como una pareja se besaba apasionadamente
en un banco de la plaza que no se distinguía mucho por
la luz casi extinta del crepúsculo, dijo en voz baja
"Está atardeciendo y viajaremos de noche a Valdivia.
Tomaremos el bus de las 10:00 PM y en el camino te contestaré
lo que preguntas"
En ese momento Cafet tomó una decisión importantísima.
El asunto era tan absurdo que no había razón alguna
para seguir preguntando. No haría más preguntas
y decidió seguir a esta mujer que después de todo
no podía traerle menos que una aventura interesante. Decidió
seguir este hilo extraordinario, irracional, atrayente y novedoso.
No tenía nada que perder y no había visitado Valdivia
desde la adolescencia. Viajando en bus tomaría toda la
noche y llegarían alrededor de las 7 de la mañana
del día siguiente al destino propuesto.
Graciela lo miró fijo a los ojos y dijo sin apuro
"En media hora más estaré de vuelta con los
pasajes. Espérame aquí, en este mismo lugar que
no tardo mucho."
Sin decir más desapareció por una de las pequeñas
calzadas hechas de esas baldosas que jamás lograron pegarlas
bien en Santiago. La ciudad entera estaba llena de calles embaldosadas
de la misma forma, con los mismos colores amarillentos e invariablemente
alguien profería una maldición cuando se tropezaba
con una de ellas suelta, o bien se metía el pie directamente
en el hoyo que había quedado sin que nunca se repararan.
Pensó en ese momento en todos esos detalles totalmente
superfluos que lo hacen a uno lo que es, que lo condicionan a
poner muchísima atención por donde camina, que le
generan esas pequeñas tensiones diarias que nadie se da
cuenta, pero que están ahí, casi presentes, invisiblemente
influenciando nuestro comportamiento y la forma de encarar la
vida. Para variar un poco, ya estaba disparándose en mil
direcciones imaginarias, así que decidió mirar sin
vergüenza o disimulo, al más puro estilo de Graciela,
la pareja que no había dejado de besarse desde entonces.
"Qué bien que estés practicando la observación
desprejuiciada", dijo la voz sonriente, mientras Cafet trataba
de mentalmente desenredarse del placer imaginario en que se había
ido metiendo sin darse cuenta al mirar a esos jóvenes.
Con una vergüenza que no fue capaz de ocultar, apartó
la vista de sus ojos negros y dijo tratando de buscar su compostura
"Así que eso es lo que estaba haciendo, no lo sabía
"
"Bueno, ahora lo sabes", dijo sin molestarse en absoluto
por su indiscreción.
"Pero, Graciela, esto es sumamente poderoso. Me sentí
como si fuera yo el que estaba en el lugar de ese joven",
respondió de inmediato.
Graciela se encogió de hombros, lo miró con su sonrisa
especial y simplemente cambió el tema
"Los pasajes están listos. Tenemos un poquito de tiempo
para comer, así que vamos a la fuente de soda de la esquina.
Tienen unos barros luco que dan miedo, pero no tomes el agua porque
está contaminada completamente. Pide una coca cola"
El tubo de luz fluorescente, amarillo por la grasa acumulada y
los años de existencia, le daba al lugar esa típica
atmósfera de los bares y sucuchos de mala muerte. El mesón
con cubierta de formalita y el olor a aceite mezclado con el verano
entró por todos los poros del cuerpo de Cafet y sintió
que después de todo, este lugar sucio y mal iluminado tenía
un especial encanto, un recuerdo también de otros tiempos
que no logró definir en ese momento. El "sanguche",
como le llamaba la señora detrás del mesón
estaba exquisito. Años que no comía algo tan delicioso
y como su expresión no obedecía a nadie en ese instante,
sin reparos se lo comunicó a la dueña del lugar,
que no pudo ocultar su orgullo y muy contenta de los halagos le
ofreció probar el mote con huesillos que había preparado
ella misma. Cafet miró a Graciela que tenía una
mueca de alarma en la boca y preguntó "¿Tenemos
tiempo para esta delicadeza chilena
?"
"Tiempo tenemos, pero
"
La señora se acercó al oído de Graciela y
cariñosamente le dijo
"No se preocupe mijita, que estos huesillos están
remojados en agua bendita" y soltó una carcajada al
mismo tiempo que Graciela sonreía con alivio.
Los huesillos estaban buenísimos y se los terminó
en pocos minutos. Graciela pagó por todo, ya que Cafet
no tenía un cinco y salieron rumbo a la estación
de los buses.
Cafet se abandonó totalmente a la experiencia que estaba
teniendo. A miles de miles de kilómetros de donde había
partido, en un sueño extraño y maravillosamente
real e incomprensible. En un viaje a los anhelos más elevados
que no había sido para nada como él se lo había
imaginado. Cafet seguía a Graciela conectando con la intuición
de que ella lo llevaría donde necesitaba ir. Hay veces
que lo absurdo y lo extraordinario se mezclan de una forma imposible
de predecir y solo queda seguir ese hilo tenue sin demasiadas
preguntas, sin mucha cautela, y con la suficiente confianza de
que uno llegará donde debe ir.
Por primera vez Cafet tuvo sed y se lo comunicó a Graciela.
"Te vas a tener que aguantar hasta que estemos en el camino.
El bus se detiene en San Fernando y podemos conseguir agua embotellada
ahí", respondió Graciela y luego soltó
una pequeña risotada y agregó
"A menos que sea la sed interna la que te esté invadiendo
"
Graciela
Graciela nació el seis de enero de un año en que
nadie se acuerda. Nació en una micro en el recorrido entre
Quillota y Villa Alemana. Su madre, no logró llegar al
hospital y ahí en el paradero 17 de Villa Alemana, en el
paralelo 33 grados Sur, el día que se celebra la visita
de los Reyes Magos, nació Graciela.
Poco se imaginaron sus padres y mucho menos el resto, de que ese
sencillo nombre que le pusieron a la rápida entre los chales
llenos de sangre, los alaridos de dolor, los gritos del chofer
y los comentarios de un huaso que no entendía lo que pasaba,
tendría un significado profundo en su vida y en la vida
de toda una comunidad.
Graciela fue dotada de una "gracia" especial. Graciela
jamás conoció la tristeza y, por consiguiente, su
vida llevó la marca de una felicidad y de una alegría
que además de elevarla a lo que muchos consideraron una
gracia divina, ella fue capaz de contagiar a cuantos tocó
en su vida milagrosa.
Cuando Graciela cumplió los seis años e ingresó
a la escuela pública No. 73 de Quillota, reveló
por primera vez un aspecto de su ser que causó enorme confusión
en sus profesores. Graciela no solamente aprendió a leer
y a escribir en menos de una semana, sino también era capaz
de memorizar absolutamente todo lo que aparecía por escrito
y al mes de estar en clases había aprendido todo lo que
había que aprender en el año completo de colegio.
La señorita García, que de señorita solo
le iba quedando poco ya que a los 32 años y sin haberse
casado jamás solo exudaba una vejez prematura acentuada
por el atuendo gris con el cual se vestía a diario y la
maldita manía de hacerse un moño de tomate en el
pelo, cayó en cuenta rápidamente que esta niña
era muy especial y que era su deber de maestra el tomarla bajo
su tutela y responsabilidad.
Una tarde después de clases, la señorita García
le pidió a Graciela si se podía quedar unos minutos
con la excusa de revisar las tareas, que obviamente no necesitaban
ser revisadas en absoluto ya que Graciela jamás había
entregado nada que no fuera absolutamente perfecto. Graciela asintió
con esa sonrisa maravillosa que causaría en sus años
adolescentes 13 accidentes y un caso de "delirium tremens"
de parte del muchacho que trabajaba en la botillería de
la esquina del colegio.
La señorita García se sentó frente a Graciela
y a por sobre los anteojos que balanceaba impecablemente en su
nariz aguileña, le preguntó
"¿Cómo te va yendo con las tareas?"
"Bien señorita García, ¿y a usted?"
"Perdón, qué me has preguntado?"
"¿Cómo le va en sus tareas, como lleva adelante
su vida?"
La señorita García no supo si reírse o enojarse
con el comentario de la niña, pero no había ni una
pizca de impertinencia en esa voz infantil y picada por la curiosidad
de semejante pregunta decidió aventurar una respuesta lo
más honrada posible. Poco se imaginó la profesora
que no tenía muchas alternativas y que por la simpleza
misma y lo directo de la pregunta no tenía otro remedio
que contestar.
"Bueno, en realidad mi vida está bastante bien, no
tengo de qué quejarme"
"Si, pero está sola y eso no es bueno", dijo
Graciela impasible.
"Me gusta estar sola. Es algo que llevo haciendo hace muchos
años. Pero ¿a qué se debe tanta pregunta
personal?" Respondió la profesora con un poquito de
nerviosismo en la voz. Bastante insólito tener que discutir
su vida con una mocosa de seis años y ahora tenía
que dar explicaciones sobre su situación personal.
"Don Pedro está interesado en salir con Ud.",
Dijo Graciela mientras jugaba con uno de los lápices de
colores en el pupitre en que se encontraba. Sin ni siquiera levantar
la vista agregó: "Don Pedro es un hombre bueno y también
está solo"
La señorita García sintió que la sangre se
le subía a la cabeza y no podía entender cómo
una criatura de esa edad podía ver tan bien lo que ella
había ocultado por meses. Era imposible que los niños
se hubiesen dado cuenta de lo que ella secretamente pensaba y
mucho menos de lo que ella secretamente anhelaba. Es cierto que
Graciela era muy distinta al resto, pero no era lógico
que esta conversación estuviera sucediendo.
Don Pedro era el profesor nuevo de matemáticas y había
llegado de Concepción a Villa Alemana a principio de año.
Nada se sabía mucho de su pasado fuera de que había
enseñado en un pequeño pueblo llamado Dichato hasta
que un accidente imprevisto terminó con la vida de su mujer
después de solo un año de casados. Los rumores que
circulaban entre las dos maestras y los otros tres profesores
de la escuela era que la mujer del profesor había tenido
un ataque de locura y se había internado en el mar en un
bote pesquero en la mitad de una tarde de invierno para nunca
más ser vista. Jamás se encontró el cuerpo
y después de semanas de búsqueda encontraron el
bote mar adentro totalmente a la deriva sin ningún rastro
de la mujer.
Según lo que se contaba, la mujer del profesor se había
embarcado en busca de una luz que se le había aparecido
en la mitad del crepúsculo mientras escribía el
último poema que fue rescatado por la policía del
lugar. La luz la llevó al mar y a su extraña desaparición
mientras su esposo que la quería entrañablemente
se deshizo en lágrimas contenidas y en preguntas que jamás
serían contestadas. Durante meses Pedro se levantó
en la medianoche a mirar el horizonte oscuro de ese mar que se
había tragado su futuro y su corazón. Las olas reventaban
pausadamente en la arena blanca y en la inmensidad de la noche
que se fundía con el océano. Pedro se perdió
en pensamientos tristes y amargos por días, semanas y meses
hasta que finalmente por el cansancio mismo y la soledad que se
había adueñado de su ser, sintió que su duelo
no podía seguir así.
A los 33 años todavía tenía una vida entera
por delante pero indudablemente la tendría que hacer en
otro lado ya que esta pequeña caleta de pescadores solo
podía recordarle a su amada. Una mañana de diciembre,
solo semanas después del término del año
escolar, Pedro se tomó el tren a Valparaíso con
la idea firme de re hacer su vida en otro lugar. Un puerto enorme
lleno de vida y colorido. Los cerros y los cantos de los marinos
y pescadores lo mantendrían cerca de lo que ya conocía,
pero además estaba la ciudad y sus luces con sus calles
estrechas y sus elegantes edificios. Los adoquines y el sabor
salado del mar harían que renaciera a lo mejor algo en
su corazón angustiado por la pérdida inexplicable
de ese amor de toda la vida. Quizás él sería
llamado por la luz también y se reunirían en la
eternidad luminosa. A lo mejor él seguiría la luz
de un faro lejano y se internaría también en el
mar a buscar su destino. Por ahora, Pedro seguía las luces
fascinantes del puerto cuando el tren se acercaba a su destino.
Miles de miles de luces titilando y bailando en la noche. Alumbrando
y develando la ciudad más hermosa que Pedro jamás
había visto. Y nuevamente pudo mirar el horizonte perdido
en el Pacífico, y una vez más sobrecogido por la
enorme presencia de ese vasto océano sin límites,
pensó en el naufragio de su alma, en el destino que se
abría en esta nueva etapa. El agua verde del mar salpicó
su memoria con el poema que quedó sin terminar esa tarde
trágica de junio
"
y ahora solo puedo seguir
tus pasos y tu fulgor
tengo que ver lo que yace
más allá de lo que percibo
tengo que orientar mi vida
con esa luz resplandeciente
que me llama, que me invita
que me ilumina internamente
como nada antes lo había hecho
"
La maestra se levantó de su asiento y por sobre los anteojos
le dio una mirada más a esa niña extraordinaria.
Con mucha suavidad y con la comprensión absoluta de estar
en presencia de lo inexplicable, le dijo a Graciela
"Es cierto Graciela. Tu percepción es inequívoca
y no puedo negar nada de lo que dices"
"Entonces, todo saldrá bien, señorita García,
y quisiera pedirle un favor. ¿Me puede conseguir un pase
para la biblioteca del pueblo?. Hay tantos, tantos libros que
necesito leer"
"Si, mi niña
mañana mismo lo arreglaremos",
dijo la maestra con una dulzura que ni siquiera sospechaba que
tenía. "Mañana mismo tendrás todos los
libros que quieras" y por alguna razón desconocida,
Marisol García supo en ese instante mismo que los milagros
existían. Y también supo que haría lo imposible
para que esa mente extraordinaria pudiera desarrollarse de la
mejor forma posible.
Los rayos del sol de otoño caían abandonadamente
sobre los tejados de la escuela y los gatos tendidos bajo su tibieza
abrieron instintivamente un ojo para mirar a las dos figuras que
salieron al patio. Maestra y alumna tomadas de la mano se alejaron
rumbo a sus casas en el atardecer soleado de un día más
en el pueblo de Quillota.
Maestra Graciela cruzó la calle y corrió hacia su
casa. A medio camino, se dio vuelta y gritó con toda su
fuerza infantil
"Hasta mañana señorita García
"
Naufragios
"Por el río Calle-Calle se va escondiendo la luna
Y en su sendero de plata va esparciendo ensueños.
Son las esperanzas que crecen bajo su luz tenue
Las que traen los desastres, los pesares, las angustias"
Cuando se dio cuenta de que había dormido durante toda
la noche y que la canción no provenía de la radio
sino de la voz de Graciela, supo Cafet que la aventura, la pesadilla
o la revelación continuaba. Su voz era exquisita y a pesar
de que cantaba bajito, los sonidos y la melodía llegaban
como un susurro que acariciaba sus oídos. Graciela miraba
ausentemente a través del vidrio de la ventana el paisaje
del sur mientras repetía el mismo estribillo como si la
canción fuera solamente de una estrofa.
"El resto vendrá a su debido momento", dijo sin
apartar la mirada del paisaje.
"Como diablos pudo saber lo que estaba pensando", pensó
con un sobresalto. "Ni imaginarme lo que ella sabía
de mi si podía con tanta facilidad leer el pensamiento
de otros". "Y qué tanto puede saber que sea tan
importante", continuó pensando. "En realidad
hay muy poco que tengo que esconder", siguió Cafet
en un monologo interno interminable.
"No es lo que escondes, sino lo que no logras ver" replicó
Graciela con la mirada aún puesta afuera, y luego agregó
"Si por alguna razón soy capaz de leer lo que piensas,
¿no te parece que voy a leer lo mejor que tienes?.
Cafet no pudo decir nada que tuviera mucho sentido porque nada
tenía más sentido en ese momento. Nada era normal
y a pesar de saber que estaba soñando todo esto, no había
ninguna forma de despertarse y escapar esa lógica proveniente
de quien sabe donde.
Graciela se dio vuelta y dijo
"Ahora te puedo responder a tus preguntas"
Cafet se dijo a si mismo que sería implacable en su cuestionamiento.
Un asunto es seguir lo extraordinario y otro es saber donde a
uno lo llevan. Mientras más supiera, mejor. Así
que directamente preguntó lo que necesitaba saber
"¿Porqué vamos al sur?"
"Tenemos que encontrar tus naufragios"
"¿De qué diablos estás hablando ahora?.
No me he subido a un bote desde que tenía 16 años.
No tengo la mas mínima idea de lo que estás diciendo"
"¿Y donde fue que te subiste al bote a los 16?"
"Qué se yo
ni siquiera me acuerdo, pero ese no
es el punto. Lo que quiero saber es el porqué de este viaje"
"En ese caso, estamos en el sendero correcto. El porqué
de este viaje tiene que ver con ese bote en que naufragaste a
los 16", dijo Graciela con un tono directo y serio.
Cafet cerró los ojos, se tomo la cabeza entre las manos
tratando de seguir el hilo de la conversación y súbitamente
entendió algo. Efectivamente a esa edad un evento extraordinario
había sucedido en su vida, pero no había sido importante
hasta que Graciela mencionó la palabra naufragio.
Cafet mantuvo los ojos cerrados y lentamente un espiral de recuerdos
se hizo presente en su memoria. Recuerdos que no había
tenido en tantos años, recuerdos que había puesto
ordenadamente en un baúl, al igual que todo el resto de
los mortales. Recuerdos que tenían el sabor agridulce de
la tristeza y el éxtasis.
Cafet había recién cumplido los 16 años y
a decir verdad, no era mucha la diferencia con un año o
incluso dos años anteriores. Con dificultad lograba representar
mas de 15 y en los mejores días en que se ponía
sus jeans negros y trataba de caminar imitando a alguna estrella
de cine, lograba entrar a ver las películas para mayores
de 14. Fue una de esas tardes en que salía del cine que
la vio. Parada a unos 20 metros, con un sweater de angora, blanco
y perfecto como cada uno de esos dientes que la sonrisa dejaba
ver, estaba la mujer más linda que Cafet había visto
en su vida. Ella conversaba con otras niñas de su edad
y jugaba al mismo tiempo con el pelo dorado y largo que caía
suavemente sobre los hombros entrelazándolo con los dedos
que Cafet pensó eran los de una pianista. Cafet se acercó
lo más que pudo al grupo de adolescentes sin dar a conocer
sus intenciones. Encendió un cigarrillo y trató
de fingir despreocupación y aburrimiento. Se situó
a escasos metros del grupo y decidió que la mejor movida
por el ángulo de visión era el que quedaba dentro
de la fuente de soda, así que decidió pedir un café
y se instaló a contemplar desde su asiento esta hermosura
que lo había cautivado completamente.
El café vino a la mesa y el grupo comenzó a dispersarse
lentamente como sucedía todos los domingos. Justo cuando
Cafet decidió que era el momento preciso para hacer una
presentación adecuada, nada menos que uno de esos conocidos
que tratan de ser amigos se instaló en la silla vacía
enfrente suyo, bloqueando todo el trabajo que con tanto esmero
había calculado.
"Cafet, que bueno verte hombre
Qué te habías
hecho?
"Nada
er, no se
"
Ninguna palabra coherente salió de su boca. Lo último
que necesitaba era este latoso echando a perder sus planes. Cafet
estiró el cuello lo más que pudo para ver que la
niña había desaparecido. Cafet se paró, miró
alrededor y justo en la esquina pudo ver el Mercedes Benz azul
que se llevaba a su sueño.
Cafet pagó por el café, y sin decir palabra al sorprendido
intruso, se fue caminando por la calle hacia la casa en donde
estaba pasando las vacaciones de verano.
Esa noche Cafet no pudo dormir bien y el recuerdo obsesivo de
esa niña, de ese pelo, de esas piernas hermosas, de esa
sonrisa lo mantuvo despierto por horas. Ni siquiera supo el nombre,
ni donde vivía. Nunca antes Cafet había sentido
que le faltaba el aire, que cuando imaginaba esos labios, los
pulmones no lograban ni exhalar ni inhalar suficiente aire. Cafet
decidió que se había enamorado de un ángel
y esto era muchísimo más serio de lo que él
hubiese querido.
Una semana entera pasó sin ver rastros de la niña.
Cafet no era de los que frecuentaban la playa llena de cuerpos
tratando de apresar los centímetros cuadrados de sol y
de cáncer a la piel. La verdad es que no soportaba todo
el espectáculo absurdo de ofrecerse mutuamente como mercancía,
pero eso era solamente lo que él decía ya que en
el fondo, Cafet bien sabía que no había forma de
competir con el físico formidable de esos muchachos tostados
por el sol que jugaban rugby y les sobraban los músculos.
Cafet se contaba historias a si mismo sobre la importancia de
desarrollar el cerebro, la materia gris, y no los pedazos de carne
y nervio que no eran lo más importante en la vida. Desgraciadamente
ni el mismo se creía los cuentos y sospechaba que todo
su enorme esfuerzo por leer cantidades de libros desde los clásicos
hasta los más insólitos, no era más que el
trabajo típico de compensar por lo que no tenía.
Al menos así había comenzado y ahora era más
bien un hábito que había desarrollado y que tenía
un sabor muy especial y querido. No era más dependiente
de lo que otros pensaran o dijeran sobre él. Esto era algo
que Cafet había encontrado enormemente placentero y absorbente.
Todas las tardes caminaba hasta las rocas de la playa vecina y
se sentaba a leer hasta que el sol se ponía.
Y cuando ya no podía distinguir entre las sombras y las
letras, cerraba el libro y volvía al balneario tratando
de mezclarse con un mundo que no encajaba bien con su forma de
ser.
Ese domingo decidió no ir al cine a pesar de que era la
única posibilidad de ver a la hermosura que todavía
lo hacía derretirse internamente y se instaló en
las rocas a leer mientras el sol caía una vez más
en el océano y el agua salada salpicaba con gotas multicolores
esfumándose con la brisa, besando todo lo que existía
alrededor en una danza graciosa y milenaria.
El destello del vidrio al ser tocado por el sol que caía
hizo que Cafet se diera vuelta para ver la fuente de origen y
sin duda provenía de un par de anteojos de alguien sentado
en las rocas más altas cerca del mar.
Alguien fuera de él también estaba absorto en la
lectura de un libro y a la distancia no pudo realmente distinguir
mas que una silueta. Sin duda una silueta delicada y femenina,
pensó Cafet al mismo tiempo que esa presencia lo sacaba
de su silencio y soledad.
El sol se puso, las sombras se alargaron hacia el mar y la silueta
bajó las rocas lentamente, grácilmente hasta llegar
a pocos metros de donde estaba sentado Cafet. El corazón
le dio un vuelco y una vez más sintió que le faltaba
el aire. Ahí a pocos metros estaba el objeto de sus sueños,
pero lo más importante de todo, era que ella leía
libros al atardecer. La hermosura lo contempló con una
sonrisa tímida y Cafet supo que el momento había
llegado.
"Pensé que era la única persona en estas rocas",
dijo Cafet con nerviosismo.
"Y yo pensaba lo mismo", dijo la hermosura
"Me llamo Cafet"
"Me llamo Ingrid"
Silencio
las olas reventaron contra las rocas y ninguno de
ellos escuchó nada. Ninguna palabra era adecuada y por
suerte para Cafet fue Ingrid la que habló porque las palabras
se habían desvanecido de su garganta.
"Cafet es un nombre bíblico. Uno de los hijos de Adán,
¿verdad
?
"Así es, probablemente el hijo que se quedó
en el desierto y dio origen a las tribus que habitan en lo que
hoy se conoce como el medio oriente"
"¿Y por que te pusieron ese nombre?"
Lo más importante ya se había dicho y el resto no
importaba en absoluto. Los dientes blancos brillaron con las sonrisas
y el pelo negro de Cafet flotó en la brisa del atardecer.
El resto era asunto de tiempo. Ella encontró a ese joven
enormemente atractivo porque estaba solo con un libro en las rocas
que ella amaba desde que era niña y por primera vez desde
entonces había vuelto a ese paisaje de su infancia para
encontrase con lo imprevisto, con lo desconocido, con lo que poco
tenía que ver con su vida ordenada, predecible y encauzada
por su familia y en particular por su padre.
Cafet no respondió porque supo inmediatamente que la hermosura
tenía un nombre alemán y era absolutamente innecesario
hablar de sus orígenes semitas. Después de todo
él no había elegido nada y en este país perdido
en el borde del mundo, no eran demasiado importante los orígenes
de las personas. Al menos eso era lo que quería creer.
Cafet miró a Ingrid y sin titubeos le preguntó
"¿Quieres sentarte aquí en las rocas conmigo?".
"Todas las tardes me fumo un cigarrillo antes de volver al
balneario
¿quieres uno?"
Ingrid solo fumaba para aparentar lo que todas las otras niñas
hacían, pero el solo hecho de poder hacerlo con este joven
era algo muy atrayente. Asintió con la cabeza y Cafet encendió
dos cigarrillos. Aspiró profundamente el humo de ambos
y se lo pasó a Ingrid que lo tomó delicadamente
con sus dedos de pianista, besó la humedad residual que
había dejado Cafet en el extremo del cilindro y se dijo
a si misma que algo finalmente importante había sucedido
en su vida.
Fue una semana de sueños para ambos. Todas las tardes se
juntaron en las rocas y al segundo día encontraron los
labios temblorosos y expectantes del otro. Ambos habían
besado antes a otros jóvenes pero nunca habían experimentado
la pasión, el deseo, la obsesión, el temblor en
las rodillas y en todo el cuerpo cuando estaban juntos. Y cuando
no lo estaban solo podían pensar en el otro, solo podían
recordar y saborear cada instante que habían estado juntos
como si fuese lo más importante en el universo. Se olvidaron
de comer, de conversar, de leer y de todo lo que hasta ese momento
habían hecho con sus cortas vidas.
Al tercer y cuarto día descubrieron el placer infinito
del tacto y ambos dejaron de respirar. El aire no llegó
a los pulmones de ninguno de los dos y quedó suspendido
en una región indefinida cerca del corazón. Un intervalo
en que solo existieron mutuamente en una orgía de caricias,
besos, mordiscos suaves y electrizantes, en donde se tocaron todas
las partes más íntimas con un asombro y una intensidad
que ninguno de los dos sospechó jamás que podía
existir dentro de ellos. Fumaron desnudos en las rocas mirándose
y admirándose los cuerpos totalmente ajenos a lo que los
rodeaba. Ingrid deseó con todas sus fuerzas a Cafet dentro
de sí misma y al principio torpemente, solo siguiendo el
instinto y la pasión, terminaron haciendo el amor sin saber
muy bien de que se trataba, pero absolutamente absortos en el
dar y recibir placer mutuo. Luego vino el ritmo y de alguna manera
inexplicable, Ingrid supo como hacerlo durar por una eternidad.
Cafet aprendió a respirar y a soltarse al tiempo que seguía
intuitivamente los movimientos de las caderas de su amor y se
acoplaba a ellos.
Al final de la semana las rocas eran de algodón y las gaviotas
dejaron de ser tales para convertirse en una sinfonía de
Haendel que en el trasfondo tocaba "La música del
agua" mientras hacían el amor al ritmo perfecto de
la música y de sus propios movimientos. El aire llegó
a los pulmones y de ahí al corazón y salió
por todos los poros en gotas de sudor, sexo y amor. No se separarían
jamás. Después de haber tocado el cielo y haber
sido inmortales, solo quedaba pasar el resto de la vida juntos
acariciándose, haciendo el amor y leyendo. Nada era más
importante que estar con el otro para siempre y a cualquier costo.
Ese Domingo bajaron de las rocas al anochecer y entre las sombras
del crepúsculo y las suaves luces que se distinguían
a la distancia se besaron una vez más con todo el amor
recién descubierto y acordaron verse como siempre al día
siguiente.
El día que no llegó
La neblina nunca ha sido un buen presagio para los que viven
cerca del mar. Complica la existencia de los pescadores, cambia
los planes de los barcos y sobre todo no deja ver con claridad
más allá de unos pocos metros. Hay veces en que
no solo no se ve nada sino que se cree ver lo que no existe. Los
oídos se aguzan, la respiración se hace más
rápida, la sangre circula con más intensidad, se
perciben sonidos que no provienen de ninguna fuente, se escuchan
voces de seres inexistentes y todo se altera hasta el punto de
la estupidez, del accidente, de la irritación y de lo extraño.
Los pescadores odian la neblina porque en su vuelo helado recoge
todas las referencias a las cuales ellos están acostumbrados,
las desdibuja con su aliento albo y los deja a la merced de lo
imprevisto. La neblina solo ayuda a los poetas a construir un
mundo que poco tiene que ver con la cruel realidad de aquellos
que se ganan la vida robándole al mar sus tesoros y es
por eso que los pescadores acusan al poeta de ser el cómplice
de Neptuno.
Ese día lunes amaneció con una neblina densa y helada.
Nada nuevo para el balneario que incluso en el verano sucedía
de vez en cuando que la neblina lo cubría todo durante
la mañana y luego desaparecía al mediodía.
Cafet se vistió, se tomó una taza de café,
encendió un cigarrillo y en ese momento sintió el
frío en los huesos. Se puso un sweater y lentamente se
dirigió a las rocas a encontrarse con la hermosura.
"Oye cabro, no vayai pal roquerío que te podis perder
con tanta neblina" le sugirió sabiamente el vendedor
de diarios de la esquina, pero Cafet no entendió la advertencia
ya que no existía en él ninguna posibilidad de ser
razonable. El amor y la neblina son parientes cercanos y ambos
pueden lograr los mismos efectos, pero nada de esto significaba
absolutamente nada para Cafet en ese momento y haciendo caso omiso
a la gruesa capa de neblina se internó en las rocas a juntarse
con su amor. Ni las gaviotas volaban para no estrellarse contra
las rocas ni el sonido de las sirenas a la distancia se dejaba
oír. Solo el silencio y la bruma espesa. Solo el aliento
helado de una mañana en que apenas se podían ver
las propias manos.
Si en ese momento, por arte de magia una mano gigante hubiese
tomado la neblina y levantado como una simple cortina que cubría
la ventana del presente, Cafet habría visto a su amada
en el asiento trasero del Mercedes Benz azul, profundamente afligida,
con lágrimas en los ojos, pañuelo en mano, mirando
con ojos enormes el paisaje tratando de encontrar a su amor. Sobre
el techo del automóvil, en una parrilla, todas las maletas
estaban perfectamente amarradas y el auto entró a la autopista
a la salida del balneario a unos pocos metros de donde se encontraba
Cafet.
Ingrid podría haber bajado el vidrio y haber gritado "!Cafet,
Cafet, mi padre me lleva de vuelta al sur!" y Cafet hubiese
sabido inmediatamente el paradero de Ingrid y haber hecho los
planes correspondientes.
El Mercedes avanzaba lentamente con mucha cautela y el motor apenas
se dejaba oír. El esfuerzo de la tecnología alemana
había producido una máquina muy bien hecha y sobre
todo silenciosa. La neblina cubría el camino casi por completo
pero el padre de Ingrid con los dientes apretados de rabia estaba
determinado a llevarse a su hija de vuelta a Valdivia.
A los diez y seis años abriéndose de piernas sin
el menor pudor, sin ni siquiera pensar en las consecuencias, sin
ni siquiera darse cuenta de la estupidez, de la desgracia y de
la tragedia que eso significaba para una familia de la estatura
y clase a la cual ellos pertenecían.
Así rumiaba furiosamente las ideas don Hans Bauer mientras
con el ceño fruncido hacía lo imposible por mantener
el automóvil dentro del carril derecho de la autopista.
A su lado, la señora Bauer con la mirada fija en el camino
y en la blancura de la neblina apretaba nerviosamente un pañuelo
como la única señal de que algo había roto
la impasibilidad de su rostro, educado a no mostrar ninguna señal
de aflicción, pena, angustia o incomodidad. Y en el asiento
trasero Ingrid lloraba silenciosamente con los ojos cerrados,
con el corazón apretado por la tristeza, la angustia y
la incomprensión de su padre.
"Eres una puta, una pequeña puta sin respeto y sin
pudor" seguía increpándola Hans.
"Pero lo peor de todo es que lo tenías que hacer con
un miserable judío."
" ¿Y qué le vamos a decir a Walter?. Cómo
vamos a explicarle que su prometida perdió la virginidad
en unas rocas con un judío de mala sangre
Ah?. Qué
explicaciones le daremos?" seguía diciendo Hans cada
vez más descompuesto y furioso.
"Te casas mañana con Walter y salen para Alemania
el Jueves. Se acabó. Es la única salida a tu maldita
estupidez. Nunca nadie se enterará de esta desgracia"
Cafet esperó por horas, sin entender que podría
haber sucedido. Pensó que la neblina los había perdido
a ambos, pero cuando finalmente el sol se dejó ver al mediodía
se dio cuenta de que Ingrid no estaba por ningún lado.
Inútiles fueron los gritos, la búsqueda minuciosa
por todo el roquerío, las carreras desesperadas de un extremo
al otro de la playa porque su amor se había desvanecido
con la neblina misma. Un sol radiante apareció a las dos
de la tarde que dejaba ver todo el horizonte del balneario de
punta a punta. Ingrid no se encontraba por ningún lado
y en su desesperación, Cafet se dirigió al hotel
en donde se hospedaban para ver si lograba verla. Esperó
por horas pero no la divisó ni a ella ni al Mercedes azul.
Cafet decidió que lo mejor que podía hacer era calmarse
y que lo más probable era que se habían ido a Valparaíso
por el día y que seguramente se encontrarían al
día siguiente. No totalmente convencido con su propia propuesta
se fue a su casa y decidió que a primera hora en la mañana
volvería al hotel. Fue casi imposible conciliar el sueño.
Algo en su interior le decía que esto no estaba previsto
y que tenía el presagio de que ese día en que se
encontraría con la hermosura no llegaría jamás.
Algo se había alterado en el ensueño absoluto al
cual se habían entregado. Algo oscuro, denso y que amenazaba
toda la felicidad y el futuro que habían construido esa
semana.
No fue hasta el Martes por la tarde que Cafet se enteró
de que la familia Bauer había dejado el hotel y que habían
salido rumbo a Valdivia. Desesperado fue a la estación
de trenes pero el único tren al sur no salía hasta
el Miércoles a la hora del almuerzo y tendría que
viajar toda la noche. Cafet gastó sus últimos ahorros
y compró el pasaje hasta Valdivia.
El jueves en la mañana a las 10:40, en el aeropuerto de
Los Cerrillos, el avión de Lufthansa salía con rumbo
a Alemania. Ingrid con los ojos colorados de tanto llorar, del
brazo de su nuevo marido que poco entendía la emoción
de su nueva y flamante esposa salían en su luna de miel
mientras los padres de ambos los despedían.
Walter nunca supo que sería una luna de miel interminable
y espantosa como una pesadilla misma. Walter nunca entendió
porqué su mujer se negó a hacer el amor con él
y porqué tuvo que quedarse en Berlín atendiendo
un negocio absurdo cuando toda su vida estaba en ese país
hermoso en el cual había nacido, crecido y amado. Walter
no se preguntó más por nada porque bien sabía
que su familia había decidido su futuro desde el día
en que balbuceó las primeras palabras, pero no pudo perdonar
el cambio en Ingrid. Ellos se habían prometido desde los
cinco años y solo dos semanas de sus vidas no las habían
pasado juntos. Esas dos últimas semanas antes de salir
a Europa y todo, absolutamente todo se dio vuelta en su vida.
A pesar de que Ingrid trataba de aparentar que nada había
pasado, Walter bien sabía que ese día que había
anhelado tanto y por tanto tiempo, en que cruzaría el umbral
de la habitación del hotel con el amor de su vida en los
brazos no llegó ni llegaría jamás.
A las 10:30 de la mañana del mismo día Jueves, a
solo minutos de llegar a la estación de Valdivia, Cafet
trataba desesperadamente de distraerse de la ansiedad que lo consumía.
Tomó el diario y se sumió en la lectura de las noticias
locales tratando de no pensar en lo que ni siquiera había
pensado en hacer. Leyó todo furiosamente, hasta la página
de los deportes y la columna social. Y ahí su corazón
se detuvo, el aire se desvaneció de sus pulmones y esta
vez no fue de amor, ni de pasión ni de nada por el estilo.
Casi inadvertido, en un rincón del diario, junto con muchas
otras estupideces sociales estaba la foto de Ingrid y Walter tomados
de la mano saliendo de la iglesia.
"El señor Walter Heinz y su señora Ingrid Bauer
de Heinz salen de la Iglesia en rumbo a Santiago donde saldrán
a Alemania en su viaje de bodas".
El silbido del tren anunciando la llegada, el ruido de los frenos
metálicos en las ruedas de acero, el humo blanco saliendo
a bocanadas por la chimenea enorme de la locomotora, los gritos
de los vendedores, las carreras de los niños, las maletas
saliendo por las ventanas, los familiares abrazados y todo eso
que era lo normal, lo cotidiano, lo esperado, lo habitual, no
fue ni percibido ni registrado por Cafet. Totalmente inmóvil
en la estación vio alejarse el tren hasta que se convirtió
en un punto a la distancia. Completamente atontado por el descubrimiento
solo atinó a caminar sin rumbo hasta llegar al río.
Cafet se subió al bote y remó furiosamente, desesperadamente
sin ningún destino. Cafet remó hasta que las manos
comenzaron a sangrar, hasta que el dolor en los brazos fue más
fuerte que el de su alma, hasta que los músculos no pudieron
responder, hasta que el bote se partió en dos al chocar
con un enorme pedazo de metal de un barco abandonado en la mitad
del río.
Cafet naufragó en un bote a los 16 años en un día
que no era el que había esperado. Cafet naufragó
en sus ilusiones y en sus sueños más queridos mucho
más profundo que el agua del Calle-Calle. Cafet tocó
un fondo viscoso y húmedo que envolvió su ser por
una eternidad de tiempo. Una eternidad que solo había experimentado
cuando amaba a Ingrid y ahora la experimentaba como el abandono
total. Cafet naufragó completa y absolutamente.
A los diez y seis años Cafet esperó en vano por
el día que nunca llegó en medio de una neblina espesa
que debería haber sido suficiente presagio para anunciar
lo imprevisto. La neblina se llevó su recién descubierto
amor, sus ilusiones, sus planes, sus esperanzas y todo eso que
solo un día atrás lo había hecho sentirse
enormemente dichoso e invulnerable.
Cafet lloró hasta que las lágrimas se agotaron y
finalmente escuchó la voz que dijo con infinita suavidad
y firmeza
"!Sígueme!. Todavía puedes hacer mucho
"
Cafet trató en vano de asir el borde del bote pero solo
logró agarrar el respaldo del asiento del bus en que viajaban
con Graciela.
Graciela dijo algo en palabras que nunca antes había escuchado.
Palabras que nunca fueron pronunciadas por esos labios finos y
hermosos. Palabras que solo resonaron con un eco de verdad en
la profundidad de su ser y que eran indiscutiblemente las palabras
de Graciela.
El oído interno apareció como un faro enorme en
la distancia y la densa capa de neblina interior fue atravesada
por la luz de la comprensión. Súbitamente Cafet
vio su naufragio a la luz de esta voz que seguía hablando
en su interior.
"Déjame guiarte que bien se llevarte a tus lugares
de naufragios, a los lugares de las cosas yertas irreparablemente.
¡Oh, mundo de las grandes pérdidas, en donde sonrisas
y encantos y esperanzas son tu peso y tu fracaso!"
Graciela y Cafet se embarcaron en un bote en el silencio de una
mañana de verano y en el silencio de las palabras que no
necesitaban de voz para ser comprendidas Cafet remó con
fuerza respirando rítmicamente y siguió las indicaciones
de Graciela. En poco rato se encontraron en el lugar del naufragio.
En el medio del río todavía estaba el esqueleto
metálico del barco enorme que también naufragó
en el medio de un maremoto y solamente en ese momento Cafet supo
con certeza que su viaje había recién comenzado.
Cafet trepó el cascote oxidado hasta llegar al único
punto en donde podía equilibrar mas o menos su cuerpo en
una postura que le permitía ver todo el río a su
alrededor.
"Observa todo lo que te va pasando" dijo la voz sin
palabras desde el bote.
"Observa el comienzo de tus fracasos. Observa como te han
condicionado en tus búsquedas, en tus anhelos, en tus expectativas"
continuó diciendo la voz de Graciela.
Cafet contempló largamente el anillo inexorable de situaciones
a partir del incidente con Ingrid y esta vez habló la lengua
maravillosa que contiene la comprensión de un todo. Cafet
habló sin palabras tal como lo había hecho esa mujer
extraordinaria que se había auto denominado su guía
y sin palabras establecieron un dialogo que duró hasta
que Cafet no pudo mantener más la postura sobre los restos
de ese barco que tantos años atrás había
quebrado en dos el bote en que su primer gran naufragio había
ocurrido.
El regreso
Viajaron en silencio de vuelta a la ciudad natal de Cafet. Silencio
interrumpido por frases sueltas que fueron formuladas sin voz.
Un dialogo exquisito de comprensión mutua pero sobretodo
de entendimiento profundo de los motivos, de las razones por las
cuales tantas cosas habían sucedido en la vida de Cafet
y que ahora aparecían totalmente explicables.
Las baldosas amarillas que eternamente causan problemas para los
que caminan en la ciudad, los deseos ocultos de besar a la adolescente
en la plaza, las búsquedas incansables de hermosuras de
pelo dorado y de dientes blancos, las obsesiones inexplicables
con los sweaters de angora, la sed, el odio irracional a subirse
a un Mercedes, el terror a la neblina y a la pérdida de
referencias en general aparecieron ante los ojos de Cafet como
una nueva revelación de un rompecabezas que debería
haber sabido hace mucho tiempo atrás.
Efectivamente él conocía todas las piezas por separado
y las había revisado con detenimiento a través de
su vida, pero no había comprendido cabalmente la fuerza
y el peso de esos recuerdos hasta el día en que todo eso
fue vivido una vez más con la intensidad de esta situación
impensable e inexplicable en que se encontraba.
A su lado Graciela contemplaba a ratos el paisaje siempre cambiante
y a ratos volvía su cara, sonreía y lo miraba con
la expresión del conocimiento humano en sus últimos
detalles.
"Nací así y mi única virtud es haberlo
reconocido desde niña" dijeron los pensamientos
"Cómo supiste lo mío?
"
"A través del lenguaje original; de lo que se denomina
genéricamente LA LENGUA, que es lo que tu estás
comenzando a aprender"
"Graciela, explícame el origen de La Lengua"
Graciela se acomodó en el asiento del bus y con palabras
comunes y corrientes explicó a los oídos externos
de Cafet lo que no existe en ningún libro escrito, fuera
de algunas referencias nebulosas.
"El lenguaje de Adán es el lenguaje primero pero eso
solo sirve para los interesados en los orígenes y para
aquellos que quieren ver simbolismo en todo lo que existe. Está
bien así y ya se ha escrito mucho al respecto y mas de
alguno se ha inspirado en lo que lleva nuestra historia humana
para pensar de que todo está conectado con todo, pero no
explica el fenómeno de La Lengua que es muchísimo
más sencillo.
Todo lenguaje surge en el intento de comunicarse y esa es la base
más importante. Si solo necesitáramos comunicarnos
verdades exteriores a nosotros y usar el lenguaje para ponernos
de acuerdo en lo que percibimos del mundo circundante, creo que
los idiomas existentes son más que suficientes porque a
menos que existan deficiencias genéticas, los órganos
de la percepción, los sentidos en general captan la misma
franja en prácticamente todos los seres humanos. Nos ponemos
de acuerdo fácilmente en que el color rojo es rojo y no
verde, en que una forma es redonda y no cuadrada, en que un aroma
es de cierta intensidad, en que un sonido es agudo o grave en
que hace calor o frío porque todos estamos construidos
con los mismos sentidos y operan de la misma forma. El lenguaje
ordinario se preocupa de darle un nombre a cada objeto que percibimos.
Se preocupa de definir eso que estamos todos de acuerdo, de ahí
que no hay gran dificultad en traducir de un lenguaje a otro a
pesar de que existen miles de ellos. En un alto porcentaje se
encuentran las definiciones equivalentes.
Entonces, si es así con lo que percibimos del mundo externo
a través de nuestros sentidos, también lo es con
lo percibido del mundo interno y cuando se quieren comunicar verdades
de esa realidad interna, existe un lenguaje desde el comienzo
de los tiempos. No es un lenguaje hablado aunque a veces si lo
puede ser pero el oído solo reconocería disonancias
fonéticas.", dijo Graciela con una simplicidad que
Cafet encontró refrescante.
"Es necesario un oído interno y una voz interna para
ser entrenado en LA LENGUA, pero por sobretodo es necesario reconocer
el mundo interior que también es similar a todos los seres
humanos porque fuimos construidos a imagen y semejanza de la luz
original
"
Cafet solo vislumbró el faro interno que lanzaba su luz
en todas las direcciones sirviendo como referencia, como guía
para aquellos que como él había decidido embarcarse
en la búsqueda de lo que en principio no era más
que un vago interés, y por razones inexplicables había
terminado siguiendo a una mujer en un viaje a su pasado, en un
viaje al descubrimiento de sus naufragios, en un viaje que se
había convertido en una aventura interior que parecía
extenderse sin límites de tiempo ni de espacio.
"Como puedo aprender LA LENGUA?" preguntó Cafet
directamente.
"Tienes que entender el principio básico que abre
todas las puertas a la comprensión de lo que no debería
ser ningún misterio", respondió Graciela
"Tienes que entender lo que se llamó en su momento
"La regla de oro", pero que se traduce en lo siguiente:
Todo ser humano busca el reconocimiento de otros. Todo ser humano
busca ser re-conocido porque en el vasto mundo de las ilusiones
de nuestros sentidos, al parecer nos perdemos fácilmente
y eso que "conocemos" solo lo logramos validar a través
del otro, de nuestros semejantes. Por eso se define como "RE"
"CONOCER" que implica que ha sido conocido antes. Afina
tu oído interno a eso que buscas y que todos buscamos y
cuando seas capaz de dar a otros ese reconocimiento anhelado,
comenzarás a hablar LA LENGUA original.
Lo primero que tendrás que aprender es re-conocerte a ti
mismo en otros y todo lo que sepas de la regla de oro en todas
sus manifestaciones positivas y negativas, será de gran
utilidad en tu aprendizaje. El resto es práctica y mucha
práctica", terminó diciendo Graciela
Cafet sintió en el interior de su pecho la voz de ella
y afinó el oído
Silencio
Más silencio
Expansión del silencio
En la ausencia del ruido cotidiano vio con claridad las intenciones
de esa bellísima mujer. Vio la vida de ella al servicio
de otros en un acto querido, en un acto único de inagotable
sentido y también como un espejo que devuelve la imagen
lo vio en si mismo y entendió con lágrimas de agradecimiento
que no había sido jamás en vano su amor por Ingrid
y por todas esas bellezas que encandilaron su vida. Vio y re-conoció
en todos sus actos y sus búsquedas obsesivas, el germen
inconfundible de ese deseo original de querer dar lo mejor de
si mismo. Esta vez pudo validarlo, esta vez pudo separarlo de
los resultados y de los fracasos y de todo aquello que sepultaba
esa semilla preciosa. Por primera vez Cafet se vio hermoso, profundo
y humilde. Se re conoció y se abrazó a si mismo
en un acto de re-encuentro que solo había sido posible
porque había aceptado ser guiado por aquellos que saben
de estas cosas.
Graciela cantó la segunda estrofa con su voz maravillosa
"Por el rio Calle-Calle va corriendo el sol
iluminando las aguas transparentes
con sus destellos de oro
Con sus rayos limpia las penas
Y con su calor entibia los corazones
"
Cena
"Y donde se había metido mi perro huacho
?"
preguntó Marisol a Pedro.
"Ahhh
si te contara viejita, no me creerías"
respondió Pedro con una sonrisa
Marisol García miró a ese hombre con un cariño
entrañable de años de vivir juntos. Supo inmediatamente
por el tono de la respuesta que había estado juntando cochalluyo
en la playa y seguramente se había distraído y terminó
en alguna gruta misteriosa que en realidad todo el mundo conocía,
pero que seguramente le pareció a Pedro como si la hubiese
visto por primera vez.
"Venga pa acá mi perro pa hacerle un poco de cariño
y también pa retarlo bien retado. No me dijo nada que Graciela
vendría a comer"
"Vieja fresca
¿como que no te dije?
te
lo mandé decir clarito pero te apuesto a que estabas divagando
en que se yo que tontera y mi mensaje pasó de largo"
"La verdad es que estaba recordando a la niña y seguramente
no te pesqué"
"Si poh vieja, si después de tantos años ya
los dos sabemos que no existen los malos entendidos entre nosotros"
Este dialogo sucedió sin que ninguno de los dos hubiese
abierto la boca. De hecho, Pedro se había sentado cómodamente
a contemplar el océano y Marisol trataba industriosamente
de ponerle las últimas puntadas al botón de una
camisa sin cuello.
Pedro se sentó al lado de Marisol y habló con palabras
sonrientes
"Bueno
¿y donde está ese cariñito?
"Mírenlo al perla
se va todo el día a
la playa, trae un atado miserable de cochalluyo, se pierde en
las grutas todo el tiempo y ahora se arrima como un gato pa que
le soben el lomo" y con una carcajada tiró la camisa
sobre la mesa, abrazo a Pedro, lo besó en la frente y le
dijo
"Han pasado veinte años. Veinte hermosos años
en que nos encontramos y encontramos a otros gracias a la niña
Graciela. Tengo tantas ganas de verla"
"Yo también viejita
la echo tanto de menos"
"Oye, viejo leso
nada de ponerse posesivo con ella..Ah?"
"No, mi amor
solo sentimental. Solo poseo la alegría
que ella me enseñó"
"La verdad es que tuviste que aprender harto" dijo Marisol
con una sonrisa y un cariñoso tono burlón.
"Así es vieja intrusa
harto tuve que hacerle
empeño", respondió Pedro con el mismo cariño
"A veces pensaba que el mar te iba a tragar en tu pena y
en tu pérdida"
"A veces el mar me tragó, vieja
a veces me devoró
enterito pero siempre me escupió de vuelta por alguna razón
que no podía entender hasta que la niña me llevó
a Dichato de vuelta
qué experiencia más extraordinaria
"
"Viejito, si me la has contado tantas veces que hasta siento
que a mi me tragó también" dijo Marisol con
otra de sus carcajadas y agregó
"Es que los hombres son tan re lachos"
Pedro la miró con más cariño que nunca, encantado
con la claridad con que Marisol siempre lo había percibido
y sin una pizca de molestia, todo lo contrario, respondió.
"Y como les cuesta a las mujeres estar solas"
"Así es viejo agudo y perceptivo, pero yo me las arreglé
de lo más bien por hartos años hasta que apareciste
como un perrito abandonado y ahí me dio tanta lástima
"
"Si, claro
y las ganas no te faltaban"
"No, ni me han faltado nunca
"
"Si
usted mi amor es una maravilla y no nos olvidemos
que todo lo que somos ha sido posible gracias a la niña"
Graciela llegó esa tarde y entre abrazos, besos y paquetes
de todo tipo sintieron una vez más que estaban re unidos.
Más de un año había sucedido desde la última
visita, así que había mucho que conversar. En el
silencio de la comprensión sin palabras y en la lengua
original aprendida por el trabajo de guiar a otros conversaron
largamente de lo que habían hecho ese año.
"Y el hombre ese de Valdivia, como está", preguntó
Pedro con curiosidad
"Aprendiendo a hablar
"
"Oiga mijita, y le explicó bien lo de la observación
desprejuiciada"
"No, Marisol
lo descubrió por si mismo pero solo
con lo externo. Un pasito más y entenderá todo,
pero eso es algo que lo tiene que hacer solo"
"Si, mi niña, tiene toda la razón. Nosotros
solo podemos llevarlos donde ya estuvieron
¨"
"Así es, pero hay unos más avanzados que otros
y esos fracasos estrepitosos que se llevan puestos son los mejores.
Una verdadera delicia trabajar con esos. El hombre de Valdivia
despertó de su sueño sabiendo que su vida tenía
mucho más sentido de lo que había tenido nunca
sabes
Pedro, me gusta trabajar con los que se caen al agua", le
dijo Graciela con ojos hechos de sonrisas
"Mijita linda
y pensar que yo me cai en el Océano
Pacífico. Pa que le cuento la cantidad de agua
"
respondió Pedro de la misma forma
"Si, produce una sed que es muy dificil de saciar",
dijo Graciela pensativamente y luego agregó
"Cafet tenía una sed de esas
y creo que el próximo
año deberíamos invitarlo a comer cochalluyo con
nosotros. Para entonces, creo que estará listo pa la foto"
terminó de decir Graciela.
Los tres bajaron a la playa a contemplar el sol que caía
en el horizonte. El mar se abrió en su inmensidad y se
tragó al astro moribundo mientras las tres figuras le dieron
la espalda al mar y se dijeron al unísono
"Mañana aparecerá en el Oriente
cenemos
ahora y preparémonos para aquellos que lo buscan desde
el principio de los tiempos"
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