| Antonio Ajqui fue mi nombre
Maya es mi descendencia
Un año atrás ocurrió mi
muerte
en manos del monstruo
Mis palabras existen
porque en el dolor inmenso que sufri al morir
ellas se cristalizaron
en imágenes, en sonidos
que son los que escuchas ahora.
De mi aldea vine al imperio
escapando de la violencia,
huyendo de la sangre
evitando el fuego,
la destrucción y la miseria
Mi vida nunco tuvo poesía
mi familia solo conoció el
hambre
la discriminación
la enfermedad
la pobreza
Rogué a los dioses su ayuda
y los milenarios omnipotentes
un día se manifestaron
concediéndome el viaje
a la tierra de los encantos
a la cornucopia material
al paraíso de la abundancia.
Mi trabajo sencillo lo aprendí en
poco tiempo
solo tenía que alimentar el monstruo
tres veces por día,
seis veces por semana.
Pulir sus escamas, limpiar sus dientes,
afilar sus colmillos una
vez al mes,
mantener sus garras poderosas
fuertes, certeras y mortales.
Mi sueño fue concedido
mi vida floreció y mi familia también
El imperio nos
dio televisión,
bicicletas y comida
Tuvimos zapatos, jeans y una radio
mi hijo Francisco trabajaba conmigo
aprendiendo lo que los Mayas
solamente
saben hacer bien en el imperio
Alimentar los monstruos
El crudo invierno
buscó refugio en nuestro hogar
Chac y Kukulcan nos visitaron
Pero los dueños del monstruo
No quisieron darnos calefacción.
Suficiente teníamos ya
!
techo, trabajo y electricidad
¿qué más se puede
pedir?
Finalmente vino la primavera
con flores y cálidos cariños,
con promesas de horizontes
naranjas,
con enormes peces multicolores
que terminaban en el estómago
del monstruo
Así fue cuando un dia
limpiando sus escamas, puliendo
sus dientes
sin querer toqué su cuerpo de acero.
sin darme cuenta moví sus tentáculos
oscuros,
sin saber lo desperté de su sueño
Abrió el monstruo sus fauces metálicas
perdi yo
mi equilibrio y angustiado grité
y mis palabras no fueron
escuchadas
solo el ruido infernal del animal moviéndose
retorciéndose, levantándose
y avanzando sobre mi
Enormes cuchillos brillantes,
dientes devoradores de pescados
y ballenas,
garras, fauces, colmillos aceitados
en perfecta sincronización
en absurda perfección mecánica
e implacable.
Horrorizado gritaba en mi lenguaje
Mientras las hojas de acero
cortaban mis pies
los dientes trituraban mis rodillas
las garras demolían mis
huesos
y la sangre abandonaba mi cuerpo
Sentí su estómago
helado
cercenando mi propio estómago
y ahi grité el dolor más
grande,
las palabras más angustiosas,
la tragedia incomprensible
de ser devorado lentamente
por esa máquina productora,
por ese monstruo al cual cuidé
con tanto afán, con
tanto esmero.
Mi visión se hizo tenue y borrosa
Solo pude distinguir
los ojos desorbitados de Francisco
los gritos de los dueños
y después el silencio
la agonía
el dolor indescriptible
el encuentro con Yum Cimil
la muerte
Desperté bañado por el sol de mis antepasados
envuelto
en la luz original de Kinich Ahau
desde ahí contemplé el
mundo de sufrimiento
que acababa de dejar
desde esa luminosidad envié mis palabras
que Kukulcan esparció a
los cuatro vientos
Palabras sencillas
Palabras duras
Palabras sabias
Palabras que si no te tocan el corazón
es porque lo has perdido
en la aridez de la abundancia,
en el sin sentido de la vida invertida.
He muerto alimentando al
monstruo
Sirva mi muerte para que reflexiones sobre tu vida
Sirva la tragedia
para que te preguntes
¿a qué monstruo alimentas?
Sirvan mis palabras de
advertencia
Sirvan ellas como memoria y recuerdo
de la necesidad de humanizar
las condiciones
en que millones
nos encontramos.
Fernando
Aranguiz, 6 de Agosto de 1999
Resumen:
El 6 de Agosto de 1998 en New Bedforf,
Massachussetts, Antonio Ajqui oriundo de Guatemala de la region
Quiche y descendiente de los Mayas fue triturado vivo por una
de las máguinas
mezcladoras de pescado y fertilizantes de la compañía
Atlantic Coast Fisheries.
El accidente ocurrió cuando Antonio limpiaba el interior
de una de las máquinas y una mangera se enredó en
el interruptor de arranque. Su muerte fue lenta y atroz. Ninguna
precaución había sido tomada por la compañía
para proteger a los trabajadores de accidentes de este tipo.
Demás está decir que ël "monstruo" no es
solo una máquina sino tambien un sistema entero al servicio
de la violencia y la explotación.
El estilo trata de ser
lo más sencillo posible enfatizando
el contenido y no los adornos gramaticales o poeticos. Es un
relato de un hombre al morir, un hombre de pocas palabras que
queda como testamento de la infamia del sistema neoliberal y
capitalista.
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