| Tu imagen me visitó nuevamente
entre los sueños y el amanecer
dejando tu sonrisa tímida,
tu perfume de mujer
y tus labios hechos de mis deseos.
Me miraste con tus ojos de bosque
diciéndome nada,
solo mirándome, solo mirando.
Como quisiera abrazar mis sueños
y como quisiera no tenerlos también.
Como quisiera que estas palabras
pudieran llegar a tus oídos
como una música, un canto y una esperanza…
Estás muda en el otro lado del mundo
donde el calor que siento es la nieve que te rodea
donde el fuego de tu hogar
te mantiene quieta, tranquila y perdida.
A lo mejor no eres lo que creo
y seguro que no eres lo que eras.
El otoño de nuestras vidas
decide que las hojas caídas
son semillas esparcidas hacia el futuro.
Espejismos de flores marchitas
embriagando mi presente.
No coincidieron nuestras vidas nunca.
No lograron tocarse ni encontrarse,
y siguen evitándose, queriéndose
y anhelándose sin límites
porque por un instante fuimos uno
por un breve momento fuimos indisolubles,
inmortales, fuimos todo para el otro.
Pues bien...
NO en nuestro nombre
Ni en el nombre de la libertad
Ni a la luz de la venganza
Podrás convencernos
De tu ilegitimidad
De tu arrogancia
De tu desprecio por la vida
Fernando Aránguiz
Abril del 2003
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