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Autor:

Fernando Aránguiz

Titulo:

Sección Textiles

 

"Lo sentimos mucho pero no nos queda otra. Hemos buscado todas las alternativas posibles y solo podemos darle la ingrata noticia de que a partir del lunes próximo Ud. No cuenta con su trabajo. La empresa generosamente le ha concedido un mes de sueldo adicional que será depositado convenientemente en su cuenta corriente como habitualmente se ha hecho hasta ahora"
Ramón no escuchó las últimas frases o si las escuchó no les prestó mucha atención. Una araña colorada había tendido una tela desde un rincón de la oficina del gerente hasta una punta del escritorio gigantesco, tras el cual provenían los sonidos.
A la luz del mediodía de verano, la tela se iluminó con un destello por un instante dejando ver todo el trabajo laborioso de varios días. La tela se extendía varios metros y con gran precisión la araña bajaba por un costado directamente sobre la cabeza del gerente.
'La araña...', dijo Ramón sorprendiéndose a si mismo de su propia distracción.
'Perdón', dijo el gerente '¿De qué está hablando?'
'La araña...', señaló Ramón con el dedo.
Instintivamente el gerente manoteó en el aire al mismo tiempo que se agachaba, obviamente tratando inútilmente de desprenderse con ese absurdo ritual de la tela que colgaba desde el rincón.
Ramón sonrió para sus adentros al ver a ese hombre pequeño, de cuello y corbata, con las gotas de sudor acumulándose en la frente, manoteando en el aire al mismo tiempo que continuaba su discurso ridículo sobre las dificultades de la empresa, la necesidad de reducir el personal, y todo el resto que se lo sabía de memoria.
La araña retrocedió hasta el rincón y se quedó ahí inmóvil mientras el gerente la seguía con la vista, ofuscado con su presencia y molesto con la distracción.
'Decía, que apenas mejoren las condiciones, Ud., Ramón, será el primero en volver a ser contratado'
El gerente se levantó, le tendió una mano blanda y la reunión terminó.
Después de seis años de trabajo para la empresa textil, Ramón estaba despedido en menos de cinco minutos. Lentamente se dirigió a la puerta, la abrió, salió hacia el pasillo y al cerrarla vio al gerente parado sobre la silla del escritorio con un diario en la mano batiéndose a duelo con la tela de araña.
Ramón no supo qué lo impulsó a hacerlo, pero en vez de dejar la oficina calladamente, abrió la puerta, entró hasta el escritorio y le dijo al gerente
'La araña se viene conmigo'
El hombre se detuvo en medio de sus aspavientos completamente sorprendido. Con el diario en mano, parado sobre la silla, con el sudor corriéndole por la cara y el cuello, el gerente miró a Ramón, miró a la araña, volvió a mirar a Ramón y preguntó apurado
'¿Está Ud. hablando en serio?'
'Si, la araña está a punto de ser despedida también, así que se viene conmigo. Con permiso'
Y sin más explicaciones, Ramón se subió de un salto al escritorio, sacó una caja de fósforos que vació de sus contenidos sobre los papeles del gerente que lo miraba totalmente aturdido. Con gran destreza capturó a la araña y se la metió al bolsillo.
'Usted ha perdido el juicio, Ramón' dijo el gerente todavía parado sobre la silla.
'No. Solo un trabajo esclavizante, señor gerente. Eso es todo lo que he perdido' dijo Ramón mientras se bajaba del escritorio.
' ¿Y que diablos va a hacer con una araña?. Usted está sin duda teniendo un comportamiento muy extraño', lo increpó el gerente apuntándole con el diario enrollado con el cual había tratado de liquidar a la araña y su tela.
Ramón lo miró y no pudo evitar una carcajada.
'Con todo respeto, señor gerente, es usted el que está gritando parado sobre una silla en un rincón de su oficina'
Súbitamente el gerente cayó en cuenta del absurdo de la situación pero al tratar de ganar su compostura, perdió el equilibrio, la silla cedió y el hombrecillo se vino al suelo con un golpe seco al golpearse la nuca con la esquina del escritorio inmenso que no estaba en proporción con el tamaño de su cuerpo.
Ramón se asomó por sobre el escritorio y ahí estaba el hombre tendido boca arriba con los ojos en blanco sosteniendo todavía el diario en su mano.
Ramón se alarmó y en cuatro saltos cubrió la distancia del escritorio a la puerta. De un grito llamó a la secretaria y en pocos segundos el gerente estaba rodeado de gente que lo trataban de reanimar. Justo cuando alguien levantaba el teléfono para llamar a una ambulancia, el gerente abrió los ojos. En realidad, cerró los ojos y cuando los abrió ya no estaban más en blanco y con la ayuda de la secretaria se incorporó.
Miró a su alrededor sin entender nada de lo que pasaba y preguntó
'¿Qué sucedió?.'
'¿Qué estoy haciendo en el suelo?'.
'No lo sabemos, señor gerente. Parece ser que se desmayó', se apuró en responder la secretaria. Ramón no hizo esfuerzo alguno en contradecirla.
El gerente se irguió completamente, se sentó en la silla de la cual se había caído y no pudo recordar nada. Alguien le trajo un vaso de agua que se la bebió ávidamente y con uno de sus gestos acostumbrados le hizo saber a todos los presentes que se retiraran de su oficina.
'Ya me siento mejor. Debe de haber sido el calor. Gracias y pueden retirarse.', Dijo sin mucho convencimiento interno, tratando de recordar algo que la memoria no fue capaz de rastrear.
Mientras el personal abandonaba la oficina y Ramón siendo el último en irse, el gerente se paró, aclaró su garganta y de repente se acordó de lo que tenía que decir.
'Ramón, necesito conversar con Ud.'
Ramón se detuvo en sus pasos por segunda vez durante el día exactamente en el mismo lugar y dijo con un aire de inocencia
'¿Si, señor gerente?'
'Siéntese Ramón porque lo va a necesitar.'
Ramón obedeció pensando en varias formas de explicarle al gerente que él no había sido el culpable del accidente y que aceptaba el despido sin resentimientos. Pensó en agradecerle al gerente por todo pero la idea fue más contradictoria que el sentimiento de culpa, así que se quedó callado esperando el aluvión.
'Este calor nos está achicharrando las neuronas pero por suerte me acordé de lo que quería decirle. ¿Está listo?'
Ramón asintió en silencio.
'Quiero comunicarle que ha sido promovido con un aumento de sueldo a la sección Textiles. Yo sabía que algo se me había olvidado, pero por suerte me acordé', repitió el gerente y luego agregó.
'Mis sinceras felicitaciones por el trabajo hecho en estos dos años'
Ramón se mordió la lengua para no corregir al gerente y por segunda vez durante ese día la mano blanda del gerente fue ofrecida y se dirigió una vez más a la puerta.
Justo antes de cerrar la puerta, sintió la caja de fósforos en el bolsillo, se dio media vuelta y le dijo al gerente:
'Lo voy a pensar. El próximo lunes le aviso si acepto o no..'
El gerente se quedó estupefacto sin entender nada y sin poder decir nada tampoco, porque las palabras no pudieron salir de su boca.
Esta vez Ramón salió del edificio a la calle y bajo un árbol frondoso se sentó, sacó de su bolsillo la caja de fósforos, la abrió y dejó que la diminuta araña saliera de su prisión y de su salvavidas.
Rápidamente la araña se posó en las hojas del árbol mientras Ramón agradecido la contempló con un cariño sin límites.
'Gracias por la libertad' se encontró diciendo para sus adentros.
Y una voz tenue más internamente aún, contestó:
'Un poco oscura la caja, pero me salvó el pellejo... estamos a mano'
La araña desapareció entre las hojas verdes del verano.


Fernando Aránguiz
Portland, Agosto 5 del 2001

   
 
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