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Qué grato estar sentada
a tu mesa de cajones
con vasos compartidos
y el bullicio de tus niños.
Qué bella te veo
con tu risa desdentada
y la Pachamama
en tus manos alfareras.
Qué esperanza nueva
hallaste hoy en la basura
de calles asfaltadas?.
Aquí en los suburbios,
sin carteles ni luces,
brilla el sol como rey.
Y todos nos sentimos
resplandecientes reyes.
Fugitivos de cárceles
y casas vacías,
por caminitos de tierra
andan los dioses
vestidos con harapos.
Pasan a su lado
y no los encuentran,
ciegos al misterio,
quienes buscan los dioses
para volver a encerrarlos.
Sospechamos, es cierto,
que en todos lados
moran los dioses...
pero aquí es donde
almorzamos con ellos.
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