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Hundiste en sangre
jeringas de anhelos
una y mil veces
buscando ser libre.
Triste y desolado,
quedaste prisionero.
El milagro sucedió
cuando naciste.
Brotó tu semilla
(una en millones!)
y como el pájaro
quisiste la libertad.
Al fin llegas ahora
a detener la caída
apretando tus alas
entre las nuestras.
Acabará la inercia
porque...ves?:
faltaban tus brazos
para hacer la ronda.
Todo pájaro herido
reemprende su vuelo
si espera paciente.
Quédate en este nido.
No te vayas todavía.
Apenas te sientas fuerte
iremos hacia el cielo
y será para siempre
la ansiada libertad.
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