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Alguien arrancó el pimpollo
y fue aquella rosa
naturaleza muerta .
La mirada de un artista
se extasió en su belleza
y renació en el lienzo.
El olfato sensible
descubrió su fragancia
y la hizo perfume
para sábanas de abrazos.
El joven acarició su textura
y guardó un pétalo
entre páginas de poesías.
El niño sopló sus semillas
y tal vez...
tal vez, quién sabe...
alguna haya renacido.
Pero fue el jardinero,
con pacientes manos,
quien preparó la tierra
y eligió la parte viva
de su naturaleza muerta;
quien creyó posible
burlar a la muerte
en otra primavera.
Y burló a su propia muerte
porque él ya se ha ido
y está aquí, en esta rosa
que hoy ha florecido.
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