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Un muro separa dos espacios.
De aquel lado la gente
que se ahoga en barro.
Elevan sus brazos.Claman ayuda.
Los veo hundirse y quisiera,
pero no puedo yo evitarlo.
Me ocupo de los niños
que tan bien ya conozco.
Estoy etérea como un ángel.
Ellos todavía algo más densos.
Los sumerjo en toneles, decidida,
llenos de trigo que purifica.
Salen limpios de él entonces.
Vuelven a mancharse. Los sumerjo.
Lo hago tres...diez veces.
Sólo uno de todos los niños
queda inmaculado al primer intento.
El Sol renueva mi energía.
Está ahí, afuera y adentro.
Sebastián tiene corazón de niño.
Es niño en este sueño.
Vamos despertando.Hoy lo comprendo.
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