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Autor:

Joaquin Arduengo

Titulo:

Pequeña historia de Narat y Factor

 
I
La insinuación de Narat.
Narat se deslizó subrepticiamente hasta el ordenador de Fáctor. Comprobó que estaba sola y comenzó a operar el teclado con velocidad. Introdujo todos los códigos y coordenadas necesarias para excitarlo cuando éste empleara su espacio virtual. Buscó un área de acceso, seleccionó un directorio que conectara a las fuentes biográficas de sus 17 años y luego de esperar algunos segundos integró un circuito de imágenes hasta la situación actual. Luego se retiró sigilosa tal como había llegado.
 
Cuando Fáctor se instaló a trabajar, Narat se acercó y le ofreció una taza de café humeante y grata. Al hacerlo, con intención distraída, rozó su pierna cubierta de fibra óptica contra el brazo de Fáctor. La imagen destelló en distintos circuitos para detenerse en un sobresalto, creando un paisaje cálido y seductor, en él se veía a Narat desnuda en una habitación en la que crepitaba el fuego de una chimenea que daba un calor acogedor e insinuante, a su espalda un gran ventanal mostraba una montaña nevada e imponente que la hacía intensa, seductora y atrayente.
 
Narat regresó a su espacio temporal de trabajo y comenzó a digitar sus controles con indiferencia.
II
La agresión de Fáctor
Fáctor se paró repentinamente de su sillón ergonométrico abandonando la pantalla de su procesador virtual, camino por pasillos vidriados entre pilares blancos. Una alfombra gris amortiguó el sonido de sus pasos. Se acercó a Narat y tomándola de un brazo la condujo hasta las consolas electrónicas en las que titilaban insistentemente por doquier, pequeñas luces verdes-rojas, amarillas-azules, azules- verdes en una secuencia matemática.
 
Aprisionó a Narat contra un muro deslizando su mano hasta el velcro que sostenía la tenue tela que la protegía dejándola desnuda y luminosa. Con un preciso movimiento, soltó su protector genital y la penetró sin rudeza pero con decisión.
 
Narat, sorprendida, lo miraba en silencio, temerosa, angustiada, agradada, huidiza y fascinada. Pronto se distendió y con ambas manos agarró férreamente las caderas de Fáctor para impulsarlo hacia sí. Ambos se besaron, jadearon y experimentaron el placer desprovisto de anterioridades. Fáctor conectó nuevamente su protector y mientras se alejaba dijo: " ésto es para que aprendas ".
 
III
La venganza de Narat
Narat cubrió su cuerpo y se dirigió al espacio virtual más cercano. Movió los controles digitales y recordó la experiencia en todos los planos: cenestésicos, motrices, emotivos, intelectuales, recordó cada imagen, cada sensación, gemido humedad y tacto. Lo hizo con tal intensidad, que volvió a sentir el orgasmo. Grabó cada una de todas las sensaciones y las introdujo en la memoria central de acceso general. El ordenador le pidió el nombre de registro del archivo y Narat escribió:

"Yo me tiré a Fáctor"

Narat

13.06.2002.

   
 
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