El otro día
en una esquina,
a un Dios me le encontré,
él leía atento el diario,
casi como que lo estrellé.
Disculpe Sr. Dios
le dije.
Ándese con cuidado me dijo él,
mire que andar distraído,
deja lugar al traspié.
No se ofenda de mi
pregunta,
le dije entonces,
¿pero porqué su nombre es?.
Seriote se puso y dijo,
yo también lo pregunté,
los nombres,
los ponen los hombres,
uno, Dios y tres.
No quisiera parecerle
impertinente,
¿cómo se hace para ser como usted?.
Levántese más temprano pues hombre,
y traté de dormir bien.
¿Y así de simple la cosa?.
Y así pues la cosa es.
Usted me está tomando
el pelo.
¿Ve como aprende usted?
Pero dígame algo en serio entonces.
Trate de despertar bien,
que a medio morir caminando,
la cosa no funciona bien.
Una última
pregunta señor Dios le dije.
Dígame no más dijo él,
¿Qué anda haciendo por estos lados?,
de muy lejos viene usted.
Vine porque me llamaron,
y todavía no sé quien fue,
estoy esperando hace rato,
vaya a saber a quien.
Bueno y si se aparece
¿como lo va a reconocer?.
¿Y cómo me reconoció usted?
Vaya a saber como, pero aquí estaba usted.
Bueno entonces vaya tranquilo,
yo esperaré hasta las seis,
Muy buenas tardes entonces,
y que le vaya bien,
Hasta luego caballero,
espero que despierte,
antes de las seis.