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joaquin arduengo

Joaquín Arduengo

Nací en Santiago de Chile, en el año 1951. A corta edad me fui a vivir con mis abuelos a un pequeño pueblo minero enclavado en plena Cordillera de los Andes, llamado Sewell y que para ese tiempo correspondía a un asentamiento de la Braden Cooper Company. Para entonces el mineral El Teniente era la mina subterránea más grande del mundo. Yo vivía en un edificio al lado de los molinos que rugían sin parar día y noche. Durante el invierno jugábamos en trineos y nos lanzábamos desde los techos de los edificios para saber lo que era volar y caer enterrados en la nieve.

Aquella nieve se transformó en el caudaloso río de los años, con todas sus durezas y alegrías. Mis primeros escritos los hice atrapado en mi propio país durante la dictadura, tal vez como un modo de advertir que no podrían alcanzarme. Un año antes del golpe militar me había unido al Movimiento y allí aprendí que la rebelión interna estaba lejos del alcance de las armas y
cerca de la verdadera revolución.

{A veces pienso que en esto de escribir, uno busca en su interior. Cada mundo que invento es un poco de todo lo que he vivido o he anhelado. Es un viaje por un sendero oculto, a ese sitio al que me gusta llegar, porque al pararme bajo la sombra de los grandes árboles, y hacer silencio mirando hacia la noche intensa, empiezan a caer aquellos ínfimos cristales de luz que intento atrapar torpemente en mis escritos.

En otras ocasiones siento que hay tanto por hacer en este calamitoso inicio de siglo para el ser humano, que escribir se queda corto y entonces intento buscar la forma que me lleve a la generación de un complot silencioso, un codazo a la fascinación que a veces nos produce la estupidez.

También me noto lleno de errores, ignorante de las más elementales reglas de la poesía. Soy también un escritor inconstante, lo que es un gran defecto y tal vez un descanso para algunos amigos a los que hago victimas de mis escritos, aunque debo agradecer a algunos otros que me impulsan y me llaman a la atención cuando me distraigo. Para todos ellos un gran abrazo.

Joaquín Arduengo N.
Santiago de Chile, 30 de Mayo de 2001.

 

poesía

Hojas blancas

Esa noche

La lagartija

El amigo

Buenas noches

Dios en una esquina

Memoria de estrellas

Aflicción

Esta noche saldré a caminar

El espejo

 

cuento

El hombre que dormitaba

Narat y Factor