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Aquellos años llegaron hacia mí,
tocaron la puerta de mi casa,
entraron temprano en la mañana
estableciendo su tiempo infinito,
distribuyendo sus pálidos recuerdos.
Pero pronto llegué hasta aquí,
sembré la flor en un beso
intenso y pasajero,
anduve en todos los extremos de la tierra
por desconocidos dominios,
sin sombra o nombre, incapaz de soledades,
mientras los años llegaron de pronto
hacia nosotros, entraron a beber café
en la mañana o en la noche inmensa
a escribir ausencia en la arena.
Y establecí el amor con profundas raíces,
huí hacia la húmeda flor de tu boca,
hacia el mar intenso de tus ojos,
porque entre mar y cielo y besos
destruimos las frías soledades.
© José Cabanillas Núñez
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