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(Para Arturo Uslar Pietri)
Ayer partiste,
como un peregrino,
por aquel viejo camino
por donde transitaremos todos
algun dia .
Te fuiste,
flameando tus adioses
en los crepusculos y los amaneceres.
Tambien se fueron tus manos,
tus cumpleanos,
tus afanes,
tus silencios
y el saludo fraterno
con que solias agradar a los humildes llaneros.
La despedida
resono dura
como el trueno cuando mata un arbol;
como un torrente de piedras
que arrastra la vida en el acantilado.
Asi,
te marchaste
erguido y decidido, senalado el horizonte,
abriendo
la tierra
y
buscando un lecho
para tender tus huesos
y los insomnios mal aprendidos.
Escogiste tu largo viaje
solitario y silencioso
dejandonos el trueno
y el silbido de los pajaros araucanos.
Te marchaste,
para volver inmortal;
para posarte en las bancas,
en los riachuelos,
en los barcos que zarpan al amanecer
y en los viejos libros
donde tu voz resuena inpreterita
como el grito de las olas
que pueblan inmemoriales en las orillas del mar.
Asi,
has vuelto,
forastero e inmortal
para quedarte entre nosotros.
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