| Dame ahora tus hierbas
de tomillo y ajo para perfumar mi piel
que humeante la traigo del cementerio aquel en que lo han enterrado.
Que en menos de doce lunas tres ataúdes se han condenado
a vivir en mi memoria sin nicho ni cortejo, sin carrozas ni coronas.
No te duermas ahora que busco tu aliento, tu perfume a inicienso,
la Luna de tu mirada , la seda de tus manos, dormir sobre tu pecho.
Haz la magia universal, transformate ahora en Hada y aparece,
muestra su figura ante mi y viértela en mi presente.
Que la noche entibia las nostalgias y la poca luz se hace duda,
las luciérnagas no iluminan nada solo confunden las miradas.
Haste ahora tú que te espero, que te busca mi alma,
despliega tu almohada que mi cabeza se aplasta y déjala en ella a que
renazca.
Déjame aquí tu sonrisa que necesito un baño
de jazmines,
una brisa de aljibe, un beso de amada.
Abre ahora tu ventana para que pueda ver dentro, si no entrar
por lo menos verte,
imaginarte y olerte como aquel que de la muerte ha vuelto.
Ven y escúchame, escucha mi vientre que se hincha de
angustias
porque se ha vuelto tarro donde caen los excrementos.
Recoge mi sudor y hazlo agua para lavar la cal de mi memoria
que quema hasta los huesos y desvanece los recuerdos.
Haste tú, ahora que no me aguanto, no me soporto,
me he sobregirado de peso aunque la balanza siga en su sitio.
Haste compuerta en el tajamar de mi alma y vierte sus aguas
al mar
para que no queden sumergidos los prados de mi mente.
Dame ahora tus hierbas de tomillo y ajo para perfumar mi piel
que humeante la traigo del cementerio aquel en que lo han enterrado.
Que en menos de doce lunas tres ataúdes se han condenado
a vivir en mi memoria sin nicho ni cortejo, sin carrozas ni coronas.
|