| Así como
un día no pactado
cae el viejo roble sobre la tierra
o la imponente ballena,
en una playa cualquiera abandona el agua;
así cansado de hablar al blanco
mi corazón implora algo de ausencia.
De poder elegir, renacería mármol,
frío mineral de dura composición.., inerte,
al que no penetren las bacterias
de una realidad que me enferma
y hace del camino de las almas abiertas,
trincheras de lava que carbonizan corazones.
Podría hacer, de los niños mendigos malabaristas,
adornos simpáticos para los semáforos en cada esquina.
De la moral ciudadana y los deberes adquiridos,
que devoran horas de vida en congelada existencia,
la credencial que me acredite como honrado.
Podría hasta vivir, esperando un domingo.
Podría hacer de la desnutrición infantil
el tema de conversación durante un lunch en alguna ONG.
Hasta podría olvidar a los olvidados debajo del confort
creyendo que, mis vecinos y nosotros, somos la única realidad.
Podría mirar en la pantalla, un cuerpo descuartizado en
Irak
durante el almuerzo, preocupándome de no manchar la corbata.
Podría hasta sentirme feliz, defender la libertad,
perseguir un ideal político y contar nuestro dinero...
Sumar posesiones, recorrer distancias, vestirlos de marca
y lavar mi conciencia con monedas dadas en las calles.
Podría creer que la ambición tiene fin y que llegado éste,
dedicaré lo que reste a mi propia voluntad y disfrute.
Mas... Debería dejar de amarlos.
Por que amarlos, es honrar la vida.
Es saberlos individuos y saberlos todos los niños.
Por que ha sido la mayor distinción,
el gran aprendizaje y La Lección de amor,
ser vuestro padre.
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