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Autor:

Marzio Girola

Titulo:

Hugo

 

Contar una vivencia es un tema complejo. Lo primero que llega a la mente es ¿Cómo trasmitir aquello que se quiere contar? En mi experiencia personal he descubierto que la mejor manera es olvidar las formas y simplemente dedicarse a contar.

En mi país la política no es poca cosa. No existe trabajador que no esté politizado, y muchos accionan a través de los sindicatos, que no responden a ningún eje político. Es decir, que los sindicalistas que terminan ocupando cargos políticos dentro del aparato estatal, son hechos aislados y que responden a la mera casualidad. Esas cosas del destino, que hacen del sindicalismo, casi una asociación ilícita. Años de este sistema sindicalista infructífero lo comprueban. La confusión que ha tejido toda esta mentira, que no hace otra cosa que nutrir un sistema putrefacto, logra sin embargo arrastrar a miles de personas a convivir con una mentira, que por más que se convalide como tal ante sus ojos, hacen lo imposible por sostenerla como válida. O simplemente, a la espera de recibir, de alguna manera, un pedazo de la torta.

Hugo no es una excepción.., o tal vez lo sea. Panadero desde sus comienzos, y sindicalista desde que satisfizo su necesidad de pertenecer a algo. La panadería su trabajo, el sindicato su vida y su vida.., el poco tiempo que lo separa desde la recuperación de la última curda hasta la entrada al amasijo.

Maestro panadero y de los de antes. Defensor del horno a leña, conocedor de todos los estados de la levadura fresca y amante de una historia que no pudo ser, por el alcohol que en un momento de su vida se adueñó de su existencia convirtiéndolo casi en un fantasma.

Todas sus habilidades y conocimientos quedaron sepultados bajo las ruinas de sus acciones, embebidas en una de las drogas lícitas más letales. Hoy, a los cincuenta años y lejos del alcohol, añora las oportunidades perdidas, las posibilidades que le brindaron sus conocimientos y buena disposición al trabajo, que se transformaron en simples anécdotas para vivir de cuentos, cada vez que habla de su historia. Le queda sí el sindicato, del que participa desde su iniciación en el ramo, desde que recuerda y desde que supo que existía.

Reducido a un pequeño grupo de panaderos que se reúnen diariamente bajo la consigna de la defensa del obrero, pujan por “La bolsa”. ¿Y qué es esta Bolsa? Una tarde me lo explicó.

Los panaderos no se registran en las planillas de trabajo de las panaderías que los contratan. Cuando una panadería necesita un panadero, llama al sindicato y estos se lo proveen. De esta forma se comparte el poco trabajo que queda y el sindicato factura a la panadería incluyendo el aporte a las Leyes Sociales. Una lista ordenada numéricamente, se utiliza para tal fin, en donde aquel que hoy accede a una jornada de trabajo, mañana pasa a ocupar el último lugar.

Como en todos los rubros, las automatizaciones, los químicos y las hiper-empresas - cuyas rentabilidades no responden a una necesidad de subsistencia, sino que especulan con el incremento de sus capitales comparativamente con los intereses bancarios- han logrado desplazar los Derechos básicos del trabajador, a problemas de los Estados. Este sistema de la bolsa, que aparece como una solución equitativa, no es otra cosa que una fórmula maquiavélica de aceptación de una derrota ante un poder que ganó de antemano la batalla, por medio de líquido etílico, casinos y quinielas.

Escuchar a Hugo hablar de la labor del maestro panadero, transforma al pan en algo más que en el simple amasijo de harina, agua, levadura y sal, que uno se lleva a la boca como el alimento elemental. Manejar de diez a veinte bolsas, de cincuenta quilos de harina cada una, realizar las distintas mezclas para los diferente tipos de productos a elaborar. Los diferentes tiempos de leudado, formas y sistemas de amasado. Y el trabajo de hornear todo aquello, en un mismo horno donde las temperaturas y porcentajes de humedad, son específicas para cada producto, hacen del maestro panadero un verdadero maestro. No hay tiempo que perder ni espacio para el error. Cuando un pan llegó a su punto de leudado, hay que hornear para no perderlo. Y cuando son cinco tipos de panes diferentes, más bizcochos, mantequillas, pan de molde y tantos otros, un error de cálculo, puede significar la pérdida de toda la mercadería y lo que es peor, la imposibilidad de vender ese día, ya que no hay tiempo para volver a elaborar. Se podría decir que el estrés, recientemente descubierto dentro de las oficinas, ha sido cosa común sobre los tornos de las panaderías desde siempre.

Como son el pan y el bizcocho, los infaltables en cada desayuno, el panadero entra a trabajar a las tres de la mañana. Regresa a su casa cuando todos están trabajando. Duerme cuando todos están comiendo su pan. Y desea distraerse cuando todos buscan descansar del trabajo del día. Cuando todo está diseñado para excederse e irse a dormir, él debe entrar a trabajar y no deja de excederse.

Son historias como tantas, situaciones como muchas las hay y peores aún. En las centrales de los sindicatos, estas cosas se discuten. Y entre reuniones y reuniones, entre almuerzos y convenciones internacionales, se buscan soluciones y se sigue en la búsqueda convenientemente interminable de nuevas opciones. Las grandes empresas multinacionales crecen al compás de las papadas de los dirigentes sindicales y Hugo sigue diariamente en el sindicato esperando por su Bolsa.

La espera de la campana del teléfono se hace larga y hasta imposible de soportar. Todos los fantasmas invaden el recinto e inevitablemente algunos vasos se despliegan sobre la mesa y dados o barajas comienzan a hacer lo suyo.

_¡Vo! El cacho marchó hoy con todo, vo. Quedó debiendo una buena guita.

El teléfono suena, necesitan a uno para la panadería de Pocitos.

Todos se miran. El tiempo ha hecho lo suyo, y lo que queda de ellos no es más que una agónica espera.

_ ¡Dále vo! Mandálo al cacho así paga lo que debe.

Cacho se retira rumbo a la panadería, los vasos completan su contenido y un manojo de cadáveres, una vez más, confirman la efectividad del sistema. La “Bolsa” también le pertenece.

 

 

   
 
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