| |
Es la impotencia que
siento, al no poseer la claridad suficiente, para hacerte entender,
que es el dinero “El Diablo” al que se refiere tu
religión.
Es la impotencia que siento, cuando no logro hacerte ver, que
el amor hacia tus hijos, no es darles todo aquello que puedas;
sinó, respetar y preservar todo aquello que les pertenece.
Es la impotencia que siento, cuando buscas tu vida, en donde
más puedas tener y dejas tu ser olvidado, en el lugar
donde és.
Es la impotencia que siento, cuando veo mi mano, empuñando
armas en tierras lejanas, por no hacer nada... porque mi existencia
se justifica en las cuentas que debo pagar mañana.
Es la impotencia que siento, cuando se que hay niños
que mueran de hambre, porque tu debes pagar el precio esperado
de aquello que consumes... de lo que abusas consumir, para ocultar
el vacío de tu espíritu.
Es la impotencia que siento, cuando hablas de amor y carezco
del conocimiento suficiente para recordarte, que confundes la
felicidad del amor, con el placer de tu avaricia.
Es la impotencia que siento, el dolor más profundo, que
corroe mi alma...
|