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¡No temáis Señores...
no temáis!
Son sólo palabras.
De las que habéis abusado,
mostrando ejemplar inocencia.
Con las que habéis convencido al ingenuo,
para ocupar vuestro puesto,
a la hora de canjear vidas por riquezas.
Es la palabra con la que os orgulleseis,
a la hora de embellecer vuestras bibliotecas.
Es aquella que utilizáis, como papel de obsequio,
del presente de mentiras, con las que adornáis vuestros
reinos.
¡No temáis Señores... no temáis!
Que son sólo palabras.
Son sólo bombas de humo, que ocultan vuestras verdaderas
intenciones.
¿Que miedo podríais tener vosotros, de la palabra,
a la que habéis hecho promesa, pecado y legislatura,
tiernizando la piel de aquellos que pensáis devorar?
¿Que temor os podría dar la palabra, de musicales
terminaciones,
que embelesa a las damas, hacen soñar a los niños
y creer a los hombres?
Que habéis regado de bocas el mundo y os habéis
robado las voces.
¡No temáis señores...no temáis!
Son solo palabras,
con las que intentareis convencer a las madres,
quienes después de enterrar a sus hijos desnutridos,
vengan en busca de vuestras entrañas.
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