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Pido perdón, más que
a nadie y por sobre todas las cosas, a los niños; quienes
al borde de la extinción, yacen sentados a la espera de
nuestro respeto y solo reciben el legado de nuestra ignorancia.
Les pido perdón, por no ocuparnos, por simplemente preocuparnos,
guiados por nuestros propios miedos.
Perdón, por anteponer nuestro ego a su propia existencia
y someterlos a dejar de ser niños, apresuradamente, imponiéndoles
nuestras fallidas doctrinas, en lugar de aprender de ellos.
Debo pedirles perdón por convertirlos en depositarios de
todos nuestros fracasos, por moldearlos continuidad y no renacimiento.
Por permitir, que tan solo a uno de ustedes, le falte alimento,
porque algunos “adultos” creen, que cruzarán
el río de la muerte con todo lo que tienen, mientras que
les dicen que las Hadas no existen, que son fábulas imaginarias
y que la realidad es otra.
Te pido perdón, por no haberme dirigido a ti desde el comienzo.
Por llevar el prejuicio de menospreciarte, de creerte incapaz
aún de comprender, inconciente de la realidad; cuando la
verdad es, que temo a tu sinceridad frontal, a la frescura de
tu razonamiento, a la libertad de tus palabras. Temo a tus juicios,
que aún carecen de la amputación que realiza la
“educación”, a las alas de la mente.
Te pido perdón, cuando digo que te quiero, y tú
sabes... sientes, que digo “te tengo”, y luchas por
liberarte; y te rotulo adolescente, y no comprendo que es de mí,
de lo que adoleces. Y que raras veces, escucharás de boca
de un “adulto”, te amo; por que el amor es verdaderamente
comprometedor y nos avergüenza exponerlo a la mentira y convertirlo
en un engaño.
Te pido perdón: a ti, por convertirte en mi propiedad
privada, y a aquellos otros, por no sentirlos de mi propiedad.
Por no tener el valor suficiente de reconocerlos iguales, individuales,
libres e invaluables; y tampoco, por reconocerme responsable.
A ti te pido perdón por enseñarte a ser mi hijo
y a los demás, por mostrarles que no lo son. Por comprarte
el primer juguete, te pido perdón. Porque nunca lo pediste
y te enseñé a comprar en lugar de admirar tu capacidad
de crear. Porque puedes crear un mundo nuevo y te enseño
a comprar el que ya está hecho. Por que someto tu fantasía
a la doctrina. Porque es más fácil, llenarte de
cosas, que de sentimientos puros, de los cuales ya carezco.
Por enseñarte a sumar y a restar, en lugar de sentir y
valorar.
Por no escucharte.
Por confundir La Vida, con mi vida.
Por menospreciar tu realidad.
Por ser el más despiadado de los colonizadores.
Por confundir, el formarte con el anularte.
Por no creer en ti, e inculcarte modelos ya fracasados.
Por transmitirte mis miedos, mi errores, mis fracasos, mi ignorancia...;
por someterte a mi, pensando que serás aquello que yo no
me atreví a ser, que harás lo que no tuve el valor
de hacer y llegarás adonde yo no fui capaz de llegar, atropellando
tu libertad... es que te pido perdón.
Por asignarte color y nacionalidad, para engañar a mi conciencia,
pintando con distancias mi culpa.
Por sustituirles el juego, por el deber; la imaginación
por el miedo y el sometimiento.
Por permitir que se diga: “son nuestro más preciado
tesoro”, poniéndolos a la altura de la moneda corriente,
dándoles valor de objeto poseído.
Por mi egoísmo, debo pedirles perdón; que por satisfacer
mis ambiciones de lucro, los he privado de un medioambiente sano
para crecer. Los hemos sentenciado a vivir en cajas climatizadas;
condenados a prostituir su libertad por un vaso de agua. ¡Sí,
nosotros!... Aquellos que decimos amarlos tanto, hemos sido vuestros
más crueles verdugos.
Por todo esto, y por todas las atrocidades cometidas hacia tu
indefensa persona, debo pedirte perdón. Y tal vez, reconociéndome,
algún día logremos ser los adultos, tan niños,
que aceptemos los azares de la vida como tributos a nuestra existencia
y dejemos de jugar a los miedos, en un dantesco carnaval, disfrazándonos
de hombres libres y respetuosos de la vida, cuando bajo las máscaras,
deambulan la intolerancia y el egoísmo, jugando a las escondidas,
contigo...
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