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Soy de aquí,
por más que el espejo se empeñe
en mostrarme lo contrario.
¿Cuál brisa se llevaría mis cenizas
sino ésta, que pulverizó mi alma?
Al reconocerme como semilla de tierras extrañas,
se abrió la brecha que opacó mi hazaña,
que hizo trizas la melancolía de la quena.
He cruzado errante las rojizas tierras
y bebido el agua de los más altos lagos.
Comí la fruta que hace de la manzana
una tentación para insípidos
que desconocen las verdaderas seducciones.
Me cubrí con las aguas tibias que no se ven,
que no guardan secretos en sus profundidades turbias,
que son como el amor, un irresistible regazo
en donde depositar la confianza.
Me huelo alpaca y visto lana,
porque soy de mis adentros y veo,
solo las falsas migajas de un espectro decrépito
que tiende a borrarse, como la neblina madrugadora de los Andes.
Soy de aquí,
por más que tenga la forma que se ha injertado,
como un híbrido o transgénico, en la virginidad
de lo auténtico.
Soy de aquí,
bien sabes de donde,
porque temes que te diga que tú estás,
y gracias a éste aquí.
Soy de aquí
y vengo de allá, por que me han traído,
porque he venido a darle el último matiz
a esta tierra, de lo que no es,
que no debería ni siquiera haber sido.
Pero ya está hecho y estoy aquí.
Y desde ahora, la tolerancia,
que será mi reflejo, mi deuda,
la que llevo impresa en mi memoria,
en lo barbado del espejo.
Y ahora soy de aquí,
por más que el espejo se empeñe en mostrarte lo
contrario.
Y será mi imagen, es decir la nuestra,
la que defenderá con su vida,
tu intento de regreso...
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