| Y es al ver
a la oscura dama
que envuelve las casas
desplazando los sonidos
más allá de sus velos
que llega a mi boca el sabor a ti.
Salpica tu voz
el silencio de los azares
que hablan con su blancura
entre los bajos tonos de la noche
susurrando amores
con su erótico aroma.
Se han callado... pareciera,
hasta los azules de las mareas.
Ya no danzan las luces
que logran trasponer los árboles,
sobre la mesa que cobija mi mirada.
Se hacen caricias contra la Luna
que intenta abrirse paso hacia mis pupilas
que llenas de ti,
gritan a lagrimas tu nombre.
Y ya,
la noche ha regresado
dejándote en el recuerdo,
haciéndome perder
hasta el acento que enmarca
el espacio que me circunda,
que envuelve cada trozo
cada partícula de polvo
que tu ausencia
conjuga inerte.
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