| Yo era una simple raya en un cuaderno
Un apunte de ojos claros
Tú eras la prueba irrefutable de que existo
habías tardado tanto en llegar y llegaste así tan
de repente
fue cuando depositaste tu mano en mi cama
en ese momento nos miramos tiernamente y el efecto fue letal
nos hicimos trizas el alba y el alma
y los días y las noches venideras fueron incontables
se hicieron cortas para tantos besos y abrazos y anclajes marinos
yo más tarde recorté aquel pedazo de tela que pisaste
y lo colgué de la pared, rotulándolo todo
con timbre fiscales, con sellos,
con tu nombre, con sangre
como prueba tipo A
del crimen más raro perpetrado
nunca antes
con tus huellas digitales
todavía sobre mis hombros dormidos
con tu aliento pegado en cada beso
al borde de mi oreja
y tu voz hecha un grito silente
fui cadáver entonces
pero igual me moría
de antes
con todo el dolor
que te iba
a venir
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