| “Y me abrumas de gestos,
de miradas fugaces,
de razones que van desde la A hasta la Zeta
para luego regresarse, repartirse y formar otro abecedario distinto
y yo sin saber qué hacer ni qué decir
sólo mirarte y dejarme querer impunemente
por esa voz que dice adorarme sin costa
medida
condición
o tregua alguna”
|