| |
“ No digas nada que no hace
falta; tan sólo déjame acercarte un poema que cumpla
con el requisito indispensable del amor que surge de esta visión
que ya me tengo prefijada de ti.
Déjame darte mi querencia, mi inconciencia, mi nostalgia,
estas mil razones que tengo y mi cara de pez enamorado en pecera
y volverme hoja, árbol, raíz y hasta la semilla
biodegradable que tengo aquí dentro para regalarte.
Adoro cuando me abres los portones, iluminas ventanas, y vas
creando banderas que punteas en horizontes nuevos y al tocar los
cultrunes de inmediato haces que comiencen a llover millones y
millones de estrellas y puntos celestes que habitaban desde hace
mucho antes en el cielo y que nunca logré divisar a través
de ojo alguno.
No digas nada que me gusta notarte - adoro notarte, sentirte
cuando te conviertes en caprichosa geografía con temblores
de tierra que deslizan países y pueblos enteros sobre la
superficie del mar llevándotelos directo al fondo del océano
o dejándolos flotar eternamente como icebergs para dirigirlos
luego en bloque hacia ultramar y a mí, junto a ellos, y
al delirio, y al vaivén que me produce ese vértigo
riquísimo de estar cada día con la eternidad de
sus noches junto a ti.
Es tu piel la que me habla;
tu temperatura, tu perfume, tu forma de respirar, tu boca sorprendida.
Intuitivamente me asomo a tu ombligo y te sujetas con fuerza a
mi para no caer y yo te sujeto como a un paracaídas hermoso
mientras vamos cayendo hacia adentro de ese algo que no tiene
principio ni fin.
No digas nada que sé muy bien que no debo soltarte...
y
no te suelto,
no te suelto,
no te suelto.
Es un rapto ¿no lo
ves? ”
|