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Autor:

María Giuliani

Titulo:

Futuro, carajo...

 

cuando tenía un domicilio legal, casi a diario llegaban sobres de colores con material de publicidad referido a seguros, ahorros, servicios médicos y demás. en esa época no se separaba la basura para reciclar... o para que los cartoneros no desparramaran todo, bah. así que sin duda alguna y sin abrir, iban a parar al tacho, con las latas de tomate vacías o la yerba mojada del mate. extraño esos tiempos, no tanto por lo del techo como por lo de poder deshacerme de las huevadas sin la presión de que se llenara la casilla, como ahora.

porque los mensajes cambiaron de material base, pero siguen llegando a mis casillas virtuales, ignorando sus remitentes (en caso de que les interesara...) que no tengo trabajo fijo –y a veces tampoco del otro-, que no tengo cuenta de banco, ni tarjetas, ni crédito de ninguna índole. salvo, claro, el que tiene que ver con otras líneas de relación, esas que no cotizan en plaza. pero de guita, ni hablar: mi último ex patrón me debe el retiro voluntario, la... ejem, justicia argie se demora en eso porque mientras haya aire y agua más o menos gratis... ¿qué apuro puedo tener en cobrar lo que me pertenece, no?

bien, total que a veces y por error, que quede claro, abro uno de esos mensajes surrealistas. y me entero: TENGO UN FUTURO. que lo parió. yo que estaba segura de tener un pasado (a ver... tranqui, que no voy a entrar en detalles) y es más: que estoy moderadamente convencida de tener un presente, encuentro que hay un montón de gente que quiere ocuparse de mi futuro.

como tiempo es lo que tengo, me pongo a ver por qué es que eso del futuro tiene ese eco descorazonante, esa cosa de desazón. al menos para mí, ya que suelo ver que la palabreja pone brillos en algunos ojos. y es que me parece que asocio inevitablemente el término con la decadencia: enfermedades, vejez, muerte. o sea, MI futuro. ¿le pasa a más gente, o es sólo conmigo que los publicitarios se morirán de hambre? quiero decir... como argumento de venta, me parece menos fascinante que el cinturón ecológico o que la nariz de bilardo... que ya es decir.

¿quiénes hablan de futuro? compañías aseguradoras. financieras. bancos. gobernantes y aspirantes con los dientes listos. hablan de un futuro que nos espera ahí a la vuelta. dos paradas más allá. tan cerca que ya se toca, ¿eh? todos esos tipos tienen algo en común: viven de NUESTRO presente. nos cambian en todo momento nuestro tiempo real por una virtualidad que muda de colores según los deseos, las carencias, los delirios del cliente. hablar de espejitos de colores sería exagerar: NI espejitos.

pero ese futuro marquetinero, mágico, intangible, luminoso, desplaza al presente. lo margina, lo vuelve irreal. cada día el futuro trae tecnología que distrae de la miseria o del aburrimiento, según sea el target en el que estés parando ahora. porque es un presente de mierda, y si uno se mete de lleno en él, no demoraría en detonar hacia adentro y hacia afuera.

claro que el futurito ése, que promete como político en campaña, no existe. porque de un no-presente no se deriva un futuro.

de la misma manera que el pasado vive en el presente, dándole consistencia en el espacio y en el tiempo, el futuro requiere de un presente para ser parido.

¿y cómo hacen que el presente se desdibuje? porque hay que tener talento para que algo que duele, como duele este momento, pase a un borroso y segundo plano. y sí, eso es lo que tienen: talento para convencer de que sólo cuenta lo que viene. se cargan a la vez el pasado y el presente, ambos inconvenientes, un fastidio, che, un embole.

la memoria, la sensación: dos fastidios. tus recuerdos, tu cuerpo. nada, sólo futuro, de acá en más.

(podría ponerme a decir que la memoria ES uno. que soy lo que puedo evocar y aún lo que no. que mis sueños se alimentan de lo que me pasó. que un perfume que se me cruza me trae amores, atardeceres rojos, comidas compartidas, reencuentros y despedidas. que un ruido me alcanza noches confusas, golpes, gente corriendo, disparos o calabozos. que una música me devuelve a paisajes internos o externos, a ojos que me miraron sonrientes, a abrazos mojados de lágrimas. que el gusto de este vino en mi boca se vuelve todos los vinos, las caricias, las conversaciones. podría. pero cada uno sabe que tiene acceso a su memoria mientras no le roben las llaves. o se las compren por nada, o se las tiren dentro de un corralito siniestro.)

decía, entonces... de acá en adelante, todo futuro. che, no les suena? no suena conocido, en medio de la amnesia? fascistas de europa, militares de américa, burocracias religiosas de todas partes. pasados y actuales. proyectos colosales en medio de una realidad miserable, violenta, durísima. nunca un presente. siempre mañana, o mejor pasado mañana, ya se sabe que el gobierno anterior nos dejó una pesada herencia... además, antes se hablaba más del futuro. ahora el futuro te pasa por arriba, se ve.

la falta de estabilidad del hoy DEBE ser el futuro en movimiento, no? la falta de utilidad del pasado DEBE ser el futuro: deshacerse de lo que nos recuerda lo que somos y lo que fueron los que nos dejaron lugar. ocupar con cemento y vidrios (que tampoco habitarás, no creas...) lo poco de verde que las ciudades tenían. ir haciendo un territorio inhabitable porque lo que había no sirve, y esto que lo reemplaza tampoco. el futuro no llegó, y sin embargo ya se tragó todo.

y aún así... se me canta vivir en el presente. quiero registrar cada momento, cada voz, cada lugar. se me antoja ocupar el presente. un presente sin puertas que impidan circular. que no sea necesario defender de nadie, porque es de todos. un presente contradictorio, fuerte, movido, lleno de color y de diferencias, discordante, creativo, anárquico. un presente cabrón, capaz de reírse de todo y de sí mismo. con todas las dudas y con todas las certezas. y si de todo eso sale un futuro... por una vez, será de todos.

   
 
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