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cuando tenía un domicilio
legal, casi a diario llegaban sobres de colores con material
de publicidad referido a seguros, ahorros, servicios médicos
y demás. en esa época no se separaba la basura
para reciclar... o para que los cartoneros no desparramaran todo,
bah. así que sin duda alguna y sin abrir, iban a parar
al tacho, con las latas de tomate vacías o la yerba mojada
del mate. extraño esos tiempos, no tanto por lo del techo
como por lo de poder deshacerme de las huevadas sin la presión
de que se llenara la casilla, como ahora.
porque los mensajes cambiaron de material base, pero siguen
llegando a mis casillas virtuales, ignorando sus remitentes (en
caso de que les interesara...) que no tengo trabajo fijo –y
a veces tampoco del otro-, que no tengo cuenta de banco, ni tarjetas,
ni crédito de ninguna índole. salvo, claro, el
que tiene que ver con otras líneas de relación,
esas que no cotizan en plaza. pero de guita, ni hablar: mi último
ex patrón me debe el retiro voluntario, la... ejem, justicia
argie se demora en eso porque mientras haya aire y agua más
o menos gratis... ¿qué apuro puedo tener en cobrar
lo que me pertenece, no?
bien, total que a veces y por error, que quede claro, abro uno
de esos mensajes surrealistas. y me entero: TENGO UN FUTURO.
que lo parió. yo que estaba segura de tener un pasado
(a ver... tranqui, que no voy a entrar en detalles) y es más:
que estoy moderadamente convencida de tener un presente, encuentro
que hay un montón de gente que quiere ocuparse de mi futuro.
como tiempo es lo que tengo, me pongo a ver por qué es
que eso del futuro tiene ese eco descorazonante, esa cosa de
desazón. al menos para mí, ya que suelo ver que
la palabreja pone brillos en algunos ojos. y es que me parece
que asocio inevitablemente el término con la decadencia:
enfermedades, vejez, muerte. o sea, MI futuro. ¿le pasa
a más gente, o es sólo conmigo que los publicitarios
se morirán de hambre? quiero decir... como argumento de
venta, me parece menos fascinante que el cinturón ecológico
o que la nariz de bilardo... que ya es decir.
¿quiénes hablan de futuro? compañías
aseguradoras. financieras. bancos. gobernantes y aspirantes con
los dientes listos. hablan de un futuro que nos espera ahí a
la vuelta. dos paradas más allá. tan cerca que
ya se toca, ¿eh? todos esos tipos tienen algo en común:
viven de NUESTRO presente. nos cambian en todo momento nuestro
tiempo real por una virtualidad que muda de colores según
los deseos, las carencias, los delirios del cliente. hablar de
espejitos de colores sería exagerar: NI espejitos.
pero ese futuro marquetinero, mágico, intangible, luminoso,
desplaza al presente. lo margina, lo vuelve irreal. cada día
el futuro trae tecnología que distrae de la miseria o
del aburrimiento, según sea el target en el que estés
parando ahora. porque es un presente de mierda, y si uno se mete
de lleno en él, no demoraría en detonar hacia adentro
y hacia afuera.
claro que el futurito ése, que promete como político
en campaña, no existe. porque de un no-presente no se
deriva un futuro.
de la misma manera que el pasado vive en el presente, dándole
consistencia en el espacio y en el tiempo, el futuro requiere
de un presente para ser parido.
¿y cómo hacen que el presente se desdibuje? porque
hay que tener talento para que algo que duele, como duele este
momento, pase a un borroso y segundo plano. y sí, eso
es lo que tienen: talento para convencer de que sólo cuenta
lo que viene. se cargan a la vez el pasado y el presente, ambos
inconvenientes, un fastidio, che, un embole.
la memoria, la sensación: dos fastidios. tus recuerdos,
tu cuerpo. nada, sólo futuro, de acá en más.
(podría ponerme a decir que la memoria ES uno. que soy
lo que puedo evocar y aún lo que no. que mis sueños
se alimentan de lo que me pasó. que un perfume que se
me cruza me trae amores, atardeceres rojos, comidas compartidas,
reencuentros y despedidas. que un ruido me alcanza noches confusas,
golpes, gente corriendo, disparos o calabozos. que una música
me devuelve a paisajes internos o externos, a ojos que me miraron
sonrientes, a abrazos mojados de lágrimas. que el gusto
de este vino en mi boca se vuelve todos los vinos, las caricias,
las conversaciones. podría. pero cada uno sabe que tiene
acceso a su memoria mientras no le roben las llaves. o se las
compren por nada, o se las tiren dentro de un corralito siniestro.)
decía, entonces... de acá en adelante, todo futuro.
che, no les suena? no suena conocido, en medio de la amnesia?
fascistas de europa, militares de américa, burocracias
religiosas de todas partes. pasados y actuales. proyectos colosales
en medio de una realidad miserable, violenta, durísima.
nunca un presente. siempre mañana, o mejor pasado mañana,
ya se sabe que el gobierno anterior nos dejó una pesada
herencia... además, antes se hablaba más del futuro.
ahora el futuro te pasa por arriba, se ve.
la falta de estabilidad del hoy DEBE ser el futuro en movimiento,
no? la falta de utilidad del pasado DEBE ser el futuro: deshacerse
de lo que nos recuerda lo que somos y lo que fueron los que nos
dejaron lugar. ocupar con cemento y vidrios (que tampoco habitarás,
no creas...) lo poco de verde que las ciudades tenían.
ir haciendo un territorio inhabitable porque lo que había
no sirve, y esto que lo reemplaza tampoco. el futuro no llegó,
y sin embargo ya se tragó todo.
y aún así... se me canta vivir en el presente.
quiero registrar cada momento, cada voz, cada lugar. se me antoja
ocupar el presente. un presente sin puertas que impidan circular.
que no sea necesario defender de nadie, porque es de todos. un
presente contradictorio, fuerte, movido, lleno de color y de
diferencias, discordante, creativo, anárquico. un presente
cabrón, capaz de reírse de todo y de sí mismo.
con todas las dudas y con todas las certezas. y si de todo eso
sale un futuro... por una vez, será de todos.
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