| somos lo que heredamos.
somos ese proyectito gritón
que largaron nuestros viejos
ingenuamente
irresponsablemente
al mundo que les había tocado en suerte.
pero, además,
somos cada primera vez.
los debuts en los juegos,
en el estudio, en el amor,
en los golpes, en la noche,
en el mar,
en la melancolía.
todo lo que marcó,
huella a huella,
nuestra arcilla desprevenida.
somos, además,
todo lo que nos fuimos encontrando:
sonrisas y abrazos,
borracheras, misticismos,
calabozos y dragones,
caricias, patadas en las costillas
(que aun hoy, si hay humedad,
están presentes),
heroicidades de bolsillo,
hermandades de fierro,
soles de otoño,
el magritte ése que tenía colgado
en alguna de mis tantas casas provisionales.
el asombro de parir y sobrevivir.
las esperas,
las nadas reiteradas,
las miradas al pasar.
las ganas furiosas
de llevarse puesto el día.
las tristezas infinitas,
la fuerza absoluta de saberse entero,
los amigos al otro lado del mundo,
las redes de siempre:
amores, memorias, manos.
somos cada color,
cada sonido.
el pasto mojado de los conciertos,
a la madrugada.
las calles de mil lugares,
las voces con mil acentos.
toda la ropa que hemos usado,
todos los libros,
todos los patios,
cada perfume.
somos los viejos
que nos esperan o que ya no.
somos los críos que,
ingenuamente,
irresponsablemente,
pusimos en el planetita
ya hecho mierda
que nos tocó.
somos los amantes
con los que hemos compartido
adrenalina, sudor, risas.
somos los compañeros
que corrieron con nosotros
en medio del humo.
somos, también,
el enemigo:
el miedo, el asco,
la venganza.
la vergüenza.
somos los sueños:
esos que alimentamos
como a pequeños buitres que
previsiblemente
nos comieron los ojos.
esos otros que se hicieron luz.
también esos que llegamos a ver
hechos carne y actos y vida.
todos los sueños,
esos que ahora mismo soñamos,
y que mañana serán puestos
mil veces a prueba.
somos de la materia
de la que están hechos los sueños,
como decía el tipo.
somos las noches
en que vagamos sin cobijo,
los atardeceres que nos vieron
compartir un guaymallén,
como el que cenaba patri,
o colarnos en trenes destrozados
porque si no era caminar horas
y había que llegar.
somos todos los pasados posibles:
los que creemos que fueron
y los que nos inventamos
y los que maquillamos
apropiadamente.
somos todos los presentes.
somos ese jardincito borgeano,
laberinto de senderos enroscados,
con un mapa
hecho hilachas en los dedos,
con un manual
que se borra cuando
tratamos de descifrarlo.
somos todos los futuros
que dibujamos
laboriosamente
en charcos oscuros
con una ramita de sauce.
somos lo que los otros ven
cuando nos miran
pero, más que eso,
somos lo que vemos:
nos llevan las imágenes,
nos vuelan las ideas,
la belleza nos pone alas.
se nos va el corazón
en manos que ni saben que lo llevan.
se nos va la vida
en olvidos, en saltos al vacío,
en vagabundeos...
somos,
desde luego,
el envase.
pero somos también
todo lo que no cabe
en esa limitación:
la contradicción, el ansia,
el desafío, el placer,
la maravilla.
somos el caminar
pisando las hojas secas,
oliéndolas,
escuchando el crujido.
somos el escribir esto
al solcito avaro
mientras el mar salpica hasta acá.
somos todos los bares:
placita defensa, plaza santa ana,
vuelta de rocha, passeig de grácia,
el ángel, tonos y toneles
y el temple del diablo.
rincones pulcros
y antros de cuarta,
entrañables, tibios.
somos todo.
somos en todo.
en todos.
y alguna vez somos en otro.
y nunca somos tan nosotros
como en ese momento
y en ese espejo.
blanes, 17 de noviembre |