Ahora
que te he visto
te lo digo.
No me adiestres
a dialogar
con mi voluntad,
sé
que se comanda sola,
es
incón
vencible.
Cuando los rizos
no me pillaban los hombros
una alba farsita
me remitiste,
con un pergamino
atado
en su extremidad de paloma,
“Trabajo”
leí
y se me selló en la frente
ardiéndome,
y pronto
“Normal”
fue fiebre purulenta
que me brotó
en la amígdala.
Hoy
no ansié
trabajar.
Hoy
no me declaré
normal.
Te vi
y vi el puño con que me partiste
todos
los dientes.
Hoy
Sonreí.
Al final de los brazos,
noté mis estrellas de cinco dedos.
Con su fulgor,
creé mi ente.
Te engalanas
con un collar de dientes al cuello.
Yo
mañana
veré
que
hago.
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