| Ayer hablé con la muerte
en su umbral estaba negra
triste de sonrisa irónica,
sus ojos profundos, de mirada perdida.
Ayer hablé con la muerte
y de sus labios
las palabras salían lentas.
Ayer hablé con la muerte
en su umbral
ambas lloramos la vida,
y en su rostro
una lágrima borraba
los pecados de la nada.
Salí sola,
y su rostro grabado en mí
me dijo que estaba sola
y yo
caminaba llorando.
Paloma Martín.
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