| Ciudadanos de tercera clase,
obesos, flacuchos o deformes.
Algunos cojos y asmáticos,
otros tuertos y retardados.
Gente pobre, ignorante y desafortunada, de todos colores.
Gente poco agraciada
Llegan de a dos, de a uno, de a tres.
Se sientan en la sala prestada por el exitoso
para sentirse generoso.
Para que se reunan pues, los de abajo, a hablar de sus miserias
Y así lo hacen.
Rememoran injusticias,
comparan humillaciones,
Despotrica y maldice algún desdentado.
Ruedan las lágrimas que queman,
Se doblan las espaldas toscas.
Paredes y columnas evitan mirar
Y de pronto alguien describe un sueño magnífico.
Y luego otro lo sigue.
revelando las exquisitas gemas ocultas por las burdas apariencias.
Cofres que disimulan la luz
Se regocijan,
se sienten uno,
redescubren la riqueza olvidada y la regalan a manos llenas.
Ya nunca serán los mismos, ya están naciendo.
Intuyen su propia divinidad, la respiran
Y se transforma la sala impersonal
agradeciendo la presencia humana
que le da sentido a su existir
y la hace ahora real.
Patricia Ríos - Brooklyn, 11:00 am, 13 de noviembre 2000
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