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…Allí los aposentos son bien pintados,
bien iluminados,
bien uniformados.
La luz de neón lo ilumina todo,
impidiendo tropezones, caidas y resbalones.
Un foco de luz cada dos metros,
y frente a cada puerta
y al llegar a cada esquina
y también a la vuelta.
Las puertas, claramente diferenciadas de las paredes,
están enumeradas.
Así, accidentes, equivocaciones y sorpresas son evitados.
El alfombrado permite la locomoción suave y la facilita.
Y transitan las personas en línea recta por los cortos
pasillos.
Entran por las puertas y luego salen,
para volver a caminar por los cortos pasillos.
En cada esquina se elige una recta.
Bien alumbrada,
bien pintada,
bien uniformada.
Cada tanto hay una silla donde a veces alguien se sienta a esperar,
y ocasionalmente,
por accidente,
Siente.
Es más, se rumorea que los hay quienes han descubierto
la clave de la coreografía
de aquel laberinto bien edificado.
Y entonces la máquina se ha detenido,
dejando a la vista el umbral de lo que es sin ser.
Patricia Ríos
Nueva York, 27 de octubre 2000 |