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¿Cómo
os reconcilio
dulce trozo de piña jugosa,
consentida,
protegida de la escarcha nórdica
alegremente acomodada en lecho de cristal
compartido con frambuesas, moras y papayas,
desplegando perfumes
seduciendo el paladar de ejecutivos
que conferencian en rascacielos
de Manhattan?
¿Cómo os reconcilio entonces
con el Bronx crudo,
a donde salto
y saltan de frío hombres y niños
mascando grasa con ojos bruscos,
callejeros,
a la espera del veredicto,
desprotegidos de alimañas prolíferas
que se escurren por aceras cuajadas de
gargajos congelados?
Patricia Ríos
New York – Abril, 2003
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