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Vuelo en la noche hacia
el sur.
Duermo en la altura.
De pronto despierto con urgencia.
Siento a latinoamerica en la planta de los pies,
en la punta de los dedos.
Palpo la piel curtida,
los pómulos hinchados,
los ojos oblicuos, apacibles y milenarios.
Corren los ríos caudalosos,
pasa el jaguar, ocupado, nocturno, secreto.
La anaconda digiere, perezosa y magnífica.
Respiro al ritmo de la mujer que pare,
y bebemos de una jarra de greda,
saboreo el maiz,
la uva,
el ñachi.
Saludo a la luna y la marea,
me hundo en las nieves eternas,
me allego al volcán para entibiar mis manos
asumo el ritmo de los cóndores,
aspiro el aire que sus alas agita.
Si, vuelvo a latinoamerica,
la joven ,
la sensible,
la agreste,
la húmeda,
la tibia,
la intuitiva,
la incierta,
la cruda,
la desdentada,
la aterrante,
la escuálida,
la vieja.
Empinada, profunda y amplia, de negros abismos y aires embriagantes.
Continente ebullente y helado.
Alli, donde nací una noche escarchada.
Donde crecí experimentando, tanteando, osando.
donde ejercité los sentimientos,
donde afiné la percepción,
Donde casi me derrito.
Vuelvo a latinoamerica la cambiante, la de siempre.
Suena un tambor subterraneo,
cierro los ojos.
mi corazón se aquieta,
vuelvo al sueño suspendido.
Vuelo en la noche hacia el sur.
Patricia Ríos
Cape Cod, agosto 1999
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