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Autor:

Rafael Edwards

Titulo:

La tele

 

Con una cancioncita pegada entre las orejas terminé de lavar los platos que mi hermana iba trayendo del comedor ....("Es tu-u-uya, es fre-e-esca" ).... y de fondo el golpeteo de las cabritas de maíz que estallaban contra la tapa de la olla, dándonos el sabor de anticipación de otra velada reunidos, cálidamente alrededor de Don Tito y sus sobrinas.....("es li-i-impia y crista....lina".)...

Poco a poco el revoloteo afuera de la cocina se fue acallando y yo apuré los últimos trastos, me serví un vaso grande de Santi-Cola y me fuí a sentar al living donde por supuesto ya estaban todos los asientos ocupados. Así que me tiré en el suelo enfrente del sofá, buscando la postura más cómoda que el cojín de espuma me permitía.

Esta era mi hora favorita del día, en que estábamos todos juntos, en familia, viendo la tele, especialmente a la hora de Don Tito, que era cuando más nos reíamos, hasta mi papá que antes era comunista y nos aguaba un poco la fiesta porque se pasaba criticando a Don Tito, que era según él un "vendido a los intereses de la burguesía".

Antes no era así en la casa. Especialmente en las noches. Mi papá se lo pasaba en reuniones del partido y la Nora, mi hermana también porque estaba en un grupo de mujeres y mi hermano el Pato hacía teatro callejero, así que en las noches estábamos mi mamá y yo y mi hermana chica que todavía juega con muñecas así que era una lata. Igual veíamos la tele y el Show de Don Tito pero no era lo mismo que ahora.

Y no sé porqué, poco a poco mi papá fué dejando de ir a reuniones y la Nora parece que se peleó con sus amigas feministas, y bueno, al Pato le dieron un empleo en el Canal 10 ("Canal diez, antes ahora y después") así que trabaja de día no más.

Ahora estamos todos e incluso viene casi todas las noches el pololo de la Nora y a veces yo invito a la Pilar, que le gusta estar con nosotros porque su familia está toda en el sur.

Bueno, así estaban las cosas hasta anoche, en que pasó algo muy extraño que todavía no logro comprender.

Estabamos ya todos listos, sentados, mi papá por supuesto haciendo callar al Pato y a Jaime, que así se llama el pololo de la Nora que hablaban y hablaban de cosas de trabajo. Y partió el Show de Don Tito, la primera parte que se llama "un ratito con Don Tito" en que él habla, hace chistes con cosas que han pasado en el día, y anuncia los invitados al programa". Aparte, anoche era algo especial porque siendo la víspera de año nuevo, mostraban una selección de lo mejor que había habido en el programa durante todo el año.

Después Don Tito comenzó a cantar la típica canción del adiós y nos invitó a todos a cantar con él, y terminamos cantando tan fuerte que ya casi no se escuchaba la tele y nos moríamos de la risa porque mi mamá es totalmente desafinada y era la que cantaba más fuerte. Y mientras más nos reíamos ella más fuerte cantaba - es el espíritu lo que cuenta- decía.

Bueno, ahí de repente Don Tito anunció que ya llegaban las doce y pidió un minuto de silencio para meditar un poco sobre el año que se iba, y pensar en los propósitos para el año que viene.

Estábamos en lo mejor de la meditación, yo estaba tratando de pensar en el año que viene pero en realidad no se me ocurría ningún propósito, cuando sentí las campanas del año nuevo y abrí los ojos, y ahí estaba Don Tito, disfrazado de "año nuevo", o sea con una especie de pañal y una banda celeste que decía 1999. "¡Llegó el año nuevo! ¡El momento del amor y la amistad! ¡Todo el mundo a abrazarse!, y todos estallamos en abrazos y estuvimos en eso un buen rato. Yo por ejemplo nunca había abrazado al Pato o a Jaime, y aunque me dió un poco de cosa, después me sentí muy bien, como que los quería a todos mucho. Bueno, en eso estábamos cuando de repente de la tele se sintió una especie de chispazo y todos nos quedamos mirando como la imagen de la pantalla se fue achicando cada vez más hasta que quedó un puntito brillante en el medio, permaneciendo ahí un buen rato, y finalmente desapareció y todo quedó negro.

 

2.-

 

En ese momento se hizo un silencio total en la casa, y yo tengo la impresión de que sucedió todo en cámara lenta porque se me quedó grabado cada detalle y lo recuerdo como si fuera ahora.

Mi papá, por ejemplo, se sentó de vuelta en el sofá y prendió un cigarrillo y se quedó mirando a la tele por mucho rato, como con la mirada perdida en los recuerdos, o en algo muy lejano.

La Pilar y el Jaime que estaban dándose el abrazo, bajaron los brazos y se quedaron ahí parados, de brazos caídos, la Pilar mirando al suelo y el Jaime recorriendo las murallas con la vista y mordiéndose el labio, como si estuviera pensando en algo difícil.

Mi mamá se fué a la cocina a hacer cosas y el Pato se desprendió de los brazos de la Nora y se fué a mover las perillas de la tele a ver qué había pasado. Finalmente Jaime se puso a ayudarlo, moviendo cables y probando el enchufe, y la Nora agarró una revista y se fué a sentar al lado del papá.

Mi hermana chica se había quedado dormida y con el silencio se despertó, miró alrededor con cara de no entender nada y se puso a peinar una muñeca.

Los únicos que hablaban eran el Pato y el Jaime, que murmuraban cosas técnicas detrás de la tele, que ya la tenían abierta y estaban revisando los cables de adentro.

Yo no sé muy bien porqué, pero en ese momento me dio mucho miedo. Tenía susto pero no sé de qué, pero sentía que había pasado algo terrible. Por supuesto, no era para tanto. O sea se había echado a perder la tele y era una lástima porque todos lo estabamos pasando tan bien y el Show de Don Tito estaba super entretenido. Pero no estaba asustado por lo de la tele, sino porque de algún modo sentía que todos estaban realmente asustados como yo.

Sin saber mucho qué hacer, me fuí a la cocina, le dí un beso a la mamá y me fui arriba a mi pieza, y me quedé por mucho rato tirado encima de la cama sin poder dormir. Lo que más quería era entender lo que estaba pasando allá abajo, pero no podía. Se me ocurrió bajar y preguntarle a alguno, al Pato, por ejemplo, que con él tengo más confianza, pero no lo hice porque de pensarlo me dió vergüenza....¿qué iba a preguntar? Probablemente el Pato me iba a mirar con cara de "qué está diciendo éste", y seguiría murmurando de cosas electrónicas con Jaime.

Entre estas divagaciones, no me dí cuenta en qué momento me quedé dormido.

 

3.-

 

En la bruma espesa, las figuras se movían de un lado para otro e iban palideciendo lentamente hasta disiparse una a una en la nada. Una música de fondo que repetía la misma melodía, como un disco rayado. Los instrumentos iban desapareciendo hasta quedar una nota, una cuerda pulsada que finalmente, titubeando dos o tres veces terminó en el silencio.

No sé cuánto tiempo estuve allí, sin poder pensar en nada, esperando.

Entonces lentamente abrí los ojos y me incorporé. Salté de la cama, abrí la puerta de la pieza y salí al pasillo. No tenía idea de la hora, pero la luminosidad azul-rosada que entraba por la ventana de la escalera me decía que estaba amaneciendo.

Sin pensar bajé y abrí la puerta de la calle.

Salí y bajé los tres escalones. Comencé a caminar, mirándolo todo. No había tráfico, y algunas personas caminaban como yo caminaba, aquí y allá, a medio vestir o en sus pijamas, lentamente, mirando en todas direcciones, como buscando entender.

Un hombre alto de cabellos grises se cruzó en mi dirección. Se detuvo frente a mí, yo también me detuve, y nos miramos por un largo rato. Yo estaba impresionado con las formas de su cara, los contornos de los ojos que me miraban, como dos lagunas vivas, la profundidad de los volúmenes, cada línea, cada detalle, no existían aislados sino que formaban parte de un conjunto, de una verdadera sinfonía de formas. Cada color de su piel, el azul, el rojo, el blanco y el amarillo se combinaban en mi ojo como se combinan las letras en una palabra y las palabras en una frase.

La línea horizontal de su boca se estiró mágicamente y yo, movido por algún reflejo salí de mi trance y reconocí su sonrisa.

De ella brotó un sonido, una voz profunda, texturada y suave como un guante de gamuza.....-"existo"- me dijo.-"Existo y tú también existes ¿Ya lo notaste?"

Levanté mis manos hasta que estuvieron frente a mis ojos. "Sí, existo", le dije, y me tuve que reír porque me estaba mirando las manos para comprobar mi existencia. El me devolvió la risa, y poco a poco comenzamos a sentir que toda la calle se reía con nosotros.

 

   
 
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