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Autor:

Pedro Raul Noro

Titulo:

El Ciberespacio

 

Acerca del Ciberespacio

Pablo Baca, un conocido mío, dice que la revolución de las comunicaciones a través de Internet, es mas compleja e interesante que la que profetizaba Mac Luhan con «el Medio es el Mensaje». Hablando sobre ello, veíamos que en la hipótesis del pensador canadiense, se trataba de la abrupta irrupción de los medios en la vida cotidiana. En este caso, se trata de la universalización de un espacio, de un ámbito que permite la comunicación: el «ciberespacio», y que sirve para el traslado e intercambio de imágenes, pero también para el traslado e intercambio de lenguajes, es decir de códigos escritos, de textos. Es además, un espacio que incentiva la modificacion incesante de lo trasmitido y un feedback continuo. En otros términos: los universos de Gutenberg y de Mac Luhan confluyen hacia un solo ámbito, un nuevo «lugar» que los conjuga, mezcla y enriquece. Y allí se manifiesta, por ejemplo, el tema de la intertextualidad: es decir, el traslado de una imagen a un texto y viceversa con solo pulsar un boton.

En el conocido proceso de la revolución tecnológica -dentro del mundo de los aparatos- esto se hizo posible con el pasaje del transitor al chip. Tal cosa permitió un salto que generó este nuevo ámbito que, de acuerdo mi opinión, es posterior al surgimiento de las corrientes posmodernistas que tienen que ver mas bien con la caótica proliferación de los medios, particularmente de la TV, que explotó en la década del 70. Ahora en cambio, se trata del avance del terreno adecuado para la configuración de la imagen (tanto visual como auditiva) y los textos y su variable relación entre sí, dentro de las empresas, los medios, los grupos sociales, los hogares y las personas. De tal manera, la angustiante relatividad del posmodernismo estaría quedando atrás, con el surgimiento de un vigoroso ámbito de intercambio universal donde lo real y lo virtual, las imágenes y los textos (junto a sus posibilidades de transformación) se entremezclan en una danza sin fin.

El tema del trueque recíproco de imágenes textos a través de un correo electrónico y, en consecuencia, la proliferación de la posibilidad de chats, videoconferencias y cosas semejantes -hasta entre personas que no perceptualmente no se conocen y de continentes distintos-, es muy interesante porque se trata de un tipo de comunicación que, aparte de su complejidad, puede ser al mismo tiempo, intimista y privada (por ejemplo, la carta tradicional), y también pública y colectiva. En ocasiones, tal posibilidad obliga además a los interlocutores a encontrar un idioma en común: porque uno puede participar del chat desde su casa y llegar a la alejada casa de otro extraño, en otro horario y en otra cultura, incluso con otro idioma. La intercomunicación impulsa por lo tanto, la creación de un lenguaje universal.

Es conveniente anotar en este contexto, la influencia creciente de las paginas Web, las revistas y libros electrónicos y ni hablar del vórtice que esta produciendo el libre intercambio de música, videos, filmes y en el futuro próximo hasta los hologramas. Desde cierta perspectiva, se une lo diacrónico con lo sincrónico. Se universaliza el intercambio existencial con diversas posibilidades de relación del mensaje mismo y de los interlocutores, y se democratiza y horizontaliza la comunicación hasta un límite que no tiene techo. Para decirlo de otro modo, se produce un salto cualitativo en el modo de comunicación de la especie: se crea otro tipo de estructura comunicacional directa, que va de pantalla a pantalla, de la casa al foro o del foro a la casa, de la imagen al texto o del texto a la imagen, del espacio interno de representación la percepción de lo externo, de allí a la pantalla y viceversa. Todo es posible en el mundo del ciberespacio virtual.

Con humor y poesía, un cibernauta chileno amigo, Rafael Edwars, explica así este fenómeno: «El ciberespacio es el ultimo mall de la última (¿o futura?) modernidad: amantes volatiles que acarician las teclas al ritmo del eme-pe-tres-/ caminantes que se encuentran en oscuros merodeos accesando, daunlodeando, y desganadamente linkeando/ mirando por encima del mouse, mas alla del punto com/ navegando en tormentas de hache-te-eme-ele/ buscando sin cesar hasta que la busqueda deviene al ultimo puerto de llegada y a la vez el ultimo espejismo/ demasiadas posibles combinaciones/combinadas asibles deposiciones...»

Pedro Raul Noro, 19 de marzo del 2000

 

 

 


   
 
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