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Acerca del Ciberespacio
Pablo Baca, un conocido mío, dice que la revolución
de las comunicaciones a través de Internet, es mas compleja
e interesante que la que profetizaba Mac Luhan con «el
Medio es el Mensaje». Hablando sobre ello, veíamos
que en la hipótesis del pensador canadiense, se trataba
de la abrupta irrupción de los medios en la vida cotidiana.
En este caso, se trata de la universalización de un espacio,
de un ámbito que permite la comunicación: el «ciberespacio»,
y que sirve para el traslado e intercambio de imágenes,
pero también para el traslado e intercambio de lenguajes,
es decir de códigos escritos, de textos. Es además,
un espacio que incentiva la modificacion incesante de lo trasmitido
y un feedback continuo. En otros términos: los universos
de Gutenberg y de Mac Luhan confluyen hacia un solo ámbito,
un nuevo «lugar» que los conjuga, mezcla y enriquece.
Y allí se manifiesta, por ejemplo, el tema de la intertextualidad:
es decir, el traslado de una imagen a un texto y viceversa con
solo pulsar un boton.
En el conocido proceso de la revolución tecnológica
-dentro del mundo de los aparatos- esto se hizo posible con el
pasaje del transitor al chip. Tal cosa permitió un salto
que generó este nuevo ámbito que, de acuerdo mi
opinión, es posterior al surgimiento de las corrientes
posmodernistas que tienen que ver mas bien con la caótica
proliferación de los medios, particularmente de la TV,
que explotó en la década del 70. Ahora en cambio,
se trata del avance del terreno adecuado para la configuración
de la imagen (tanto visual como auditiva) y los textos y su variable
relación entre sí, dentro de las empresas, los
medios, los grupos sociales, los hogares y las personas. De tal
manera, la angustiante relatividad del posmodernismo estaría
quedando atrás, con el surgimiento de un vigoroso ámbito
de intercambio universal donde lo real y lo virtual, las imágenes
y los textos (junto a sus posibilidades de transformación)
se entremezclan en una danza sin fin.
El tema del trueque recíproco de imágenes textos
a través de un correo electrónico y, en consecuencia,
la proliferación de la posibilidad de chats, videoconferencias
y cosas semejantes -hasta entre personas que no perceptualmente
no se conocen y de continentes distintos-, es muy interesante
porque se trata de un tipo de comunicación que, aparte
de su complejidad, puede ser al mismo tiempo, intimista y privada
(por ejemplo, la carta tradicional), y también pública
y colectiva. En ocasiones, tal posibilidad obliga además
a los interlocutores a encontrar un idioma en común: porque
uno puede participar del chat desde su casa y llegar a la alejada
casa de otro extraño, en otro horario y en otra cultura,
incluso con otro idioma. La intercomunicación impulsa
por lo tanto, la creación de un lenguaje universal.
Es conveniente anotar en este contexto, la influencia creciente
de las paginas Web, las revistas y libros electrónicos
y ni hablar del vórtice que esta produciendo el libre
intercambio de música, videos, filmes y en el futuro próximo
hasta los hologramas. Desde cierta perspectiva, se une lo diacrónico
con lo sincrónico. Se universaliza el intercambio existencial
con diversas posibilidades de relación del mensaje mismo
y de los interlocutores, y se democratiza y horizontaliza la
comunicación hasta un límite que no tiene techo.
Para decirlo de otro modo, se produce un salto cualitativo en
el modo de comunicación de la especie: se crea otro tipo
de estructura comunicacional directa, que va de pantalla a pantalla,
de la casa al foro o del foro a la casa, de la imagen al texto
o del texto a la imagen, del espacio interno de representación
la percepción de lo externo, de allí a la pantalla
y viceversa. Todo es posible en el mundo del ciberespacio virtual.
Con humor y poesía, un cibernauta chileno amigo, Rafael
Edwars, explica así este fenómeno: «El ciberespacio
es el ultimo mall de la última (¿o futura?) modernidad:
amantes volatiles que acarician las teclas al ritmo del eme-pe-tres-/
caminantes que se encuentran en oscuros merodeos accesando, daunlodeando,
y desganadamente linkeando/ mirando por encima del mouse, mas
alla del punto com/ navegando en tormentas de hache-te-eme-ele/
buscando sin cesar hasta que la busqueda deviene al ultimo puerto
de llegada y a la vez el ultimo espejismo/ demasiadas posibles
combinaciones/combinadas asibles deposiciones...»
Pedro Raul Noro, 19 de marzo del 2000
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