Viena tiene un recordado
imperio en sus museos
y como corresponde
a una ciudad de la civilizada Europa
su tarea no es ahora
liderar conquistas
sino atesorar chelines
para gloria
de la banca de Austria
A paso lento
con milenaria disciplina
sus habitantes se desplazan por las
calles donde el peaton
-y esto es respetable-
se porta como el rey y señor
de la ciudad
Los rostros
parecen abrumados por mantener
limpia
tanta gloria caída
mientras todo se entremezcla con
las máquinas
de cambio de moneda
y la fotografía de la hermosa
y torturada Sissi
que se compra por un dólar
a la salida del imponente
y vacuo palacio imperial
Es cierto
poco favor le estoy haciendo a esta hermosa ciudad
(ellos
tambien fueron invadidos y vejados)
pero he sido maltratado
en un café de la Kartn Er StraBe
porque llevaba una
mochila al hombro, era sudaca
y no balbuceaba ni una palabra
de alemán.
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