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Por un instante dormí
en tu piel morena,
busqué en la infinita noche
la profundidad de tu belleza,
sintiendo el vacío en la penumbra,
en las raíces de la tierra en Palma Real
o en la resplandeciente luz de tus mejillas.
Dime entonces, amiga mía,
¿
por qué el amor secreto,
enamorado desde el fondo del alma,
la suave luz de tus ojos, las palabras
como primavera triunfante?
Pero otra vez la distancia entre nosotros
no es donde estamos sino lo que sentimos,
el cuerpo que la divina mano acaricia
o los besos que robe de tus labios secretos.
Dime si el bosque donde habitas
son tus ojos para hundirme en ellos.
© José Cabanillas Núñez
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